Las alianzas dentro de la casa de Gran Hermano cambian constantemente. Cuando parece que los participantes encuentran su lugar en el juego, una pelea inesperada o el ingreso de nuevos jugadores vuelve a modificar por completo el tablero. Y esta vez fue Luana Fernández quien sorprendió al apuntar sin filtros contra uno de sus compañeros.
Todo ocurrió durante una conversación en el patio junto a Cinzia Francischiello y Sol Abraham. En medio de la charla, la venezolana le preguntó a Luana por la buena relación que había mostrado con el influencer que ingresó hace apenas una semana al reality.

Sin embargo, lejos de confirmar una amistad o afinidad dentro del juego, la participante dejó en claro que la convivencia terminó cambiando por completo su percepción: «No compro con su personalidad», disparó de entrada, dejando en evidencia que no termina de confiar en él ni en la imagen que proyecta dentro de la casa.
Pero la crítica no quedó solamente en cuestiones de actitud. A medida que avanzó la conversación, Luana fue todavía más contundente y apuntó contra aspectos de la convivencia diaria: «No es de forra, pero tiene olor a pata, feo olor en la boca», lanzó sin vueltas, provocando sorpresa entre quienes escuchaban la charla.
Incluso reconoció que la situación ya le resulta difícil de tolerar. «No es de mala, pero me dan como ganas de vomitar», confesó entre risas y gestos de incomodidad. Según explicó, tampoco logra conectar con su forma de desenvolverse dentro de la casa. «Él tampoco acompaña», sostuvo, antes de cuestionar algunas de sus actitudes frente a las cámaras.
Luana no quiere estar cerca de Nigro porque tiene olor a pata y mal aliento: «Me dan ganas de vomitar» pic.twitter.com/lXmyFyzS8A
— tronk (@TronkOficial) June 3, 2026
Para Luana, el participante intenta exagerar permanentemente sus reacciones y su personalidad. «Lo trata de exagerar y ser efusivo en los movimientos y en los modos de hablar», concluyó.
Una vez más, la convivencia extrema vuelve a dejar al descubierto tensiones, críticas y diferencias que parecían ocultas. Y en una casa donde cada comentario puede transformarse en un conflicto, las palabras de Luana Fernández no pasaron desapercibidas.

