El 8 de septiembre de 2002, cuando apenas tenía 20 años y se encontraba en el momento más explosivo de su carrera, Walter Olmos murió por un disparo en la cabeza dentro de la habitación 22 del hotel San Cristóbal Inn, en Buenos Aires.
El cantante catamarqueño había llegado al establecimiento con sus músicos y se preparaba para cumplir una exigente agenda de presentaciones. Poco después de la medianoche, una pistola Bersa calibre 22 que manipulaba en medio de un peligroso juego se disparó mientras estaba apoyada sobre su sien.
La muerte fue inmediata. Las dudas, los rumores y las acusaciones alrededor de aquella madrugada sobrevivieron durante años.
Pizza, llamados y tres shows: las últimas horas de Walter Olmos
El sábado 7 de septiembre, Olmos se instaló junto a parte de su banda en el hotel ubicado sobre la calle Estados Unidos, en el barrio porteño de San Cristóbal.
El ambiente parecía distendido. El grupo comió pizza, tomó cerveza y se preparó para una noche que incluía actuaciones en distintas bailantas de Berazategui, Quilmes y La Plata.
Antes de la tragedia, Walter mantuvo varias comunicaciones con su novia, Vanesa Passaro. La investigación estableció que recibió 14 llamados en la habitación; el último habría ocurrido a las 23.45, pocos minutos antes del disparo.
Nada hacía imaginar que el artista jamás llegaría a subir nuevamente a un escenario.
El arma que convirtió un juego en una tragedia irreversible
Según reconstruyeron los testigos, Walter apareció con una pistola Bersa calibre 22 que le habría regalado un conocido. Convencido de que el arma estaba trabada o no funcionaba, comenzó a gatillarla sin que saliera ningún proyectil.
Primero habría apuntado hacia dos músicos y luego repitió el movimiento contra su propia cabeza. Cuando accionó nuevamente el gatillo, el arma finalmente disparó.
Olmos cayó sobre la cama de la habitación 22. A su lado, los investigadores encontraron la pistola y una vaina servida. El proyectil ingresó por la sien derecha y quedó alojado en el cerebro.
Cinco personas que estaban con él declararon en la causa. Uno de los testigos explicó que el cantante se acostó boca arriba, apoyó el arma y disparó creyendo que no funcionaría.
¿Accidente, suicidio o ruleta rusa?: qué determinó la Justicia
Durante las primeras horas circularon todo tipo de versiones. Algunos fanáticos aseguraban haber escuchado dos detonaciones. Otros hablaban de una pelea sentimental, de un suicidio o de la intervención de terceras personas.
La causa quedó inicialmente caratulada como “averiguación sobre suicidio”, pero las pericias no detectaron signos de violencia, forcejeos o una pelea dentro de la habitación.
En marzo de 2003, el juez de instrucción Mariano Bergés archivó el expediente. La resolución sostuvo que Olmos accionó el arma voluntariamente, pero convencido de que no dispararía. Por esa razón, el hecho fue interpretado judicialmente como una muerte accidental y no como un homicidio.
La autopsia detectó rastros de cocaína en distintas muestras. Para los investigadores, el consumo habría ocurrido poco antes del disparo. Ese resultado alimentó nuevas especulaciones, aunque no modificó la conclusión central del expediente.
La “mano negra” que denunció su padre y nunca pudo probarse
Bartolomé Olmos, padre del cantante, rechazó desde el comienzo que todo pudiera reducirse a un accidente. Habló públicamente de una posible “mano negra” y apuntó contra sectores relacionados con el negocio de la bailanta.
La familia reclamó que se investigara el entorno, la aparición del arma y la presencia de drogas. También cuestionó la presión profesional que Walter soportaba desde que había alcanzado la fama.
Sin embargo, esas sospechas no consiguieron respaldo probatorio suficiente. La Justicia cerró la investigación sin responsabilizar a otras personas por la muerte.
El interrogante sobre cómo llegó exactamente la pistola a manos de Olmos fue uno de los puntos que permaneció rodeado de controversia. Los rumores continuaron entre sus seguidores, pero nunca se demostró la existencia de un crimen.
De lustrar zapatos a llenar el Luna Park: el ascenso más vertiginoso
Walter había nacido en Catamarca en abril de 1982. Fue el mayor de nueve hermanos y creció dentro de una familia atravesada por la pobreza.
Durante su infancia trabajó como lustrabotas y realizó changas para llevar dinero a su casa. También pasó por un instituto de menores después de cometer pequeños hurtos de comida. Esas experiencias marcaron su identidad y quedaron reflejadas posteriormente en “Chico de la calle”.
Su primera gran oportunidad apareció con Los Bingos. Después llegó el encuentro que le cambió la vida: Rodrigo Bueno lo escuchó cantar en Catamarca, quedó impactado por su voz y decidió apadrinarlo.
Tras la muerte del Potro, ocurrida en junio de 2000, Walter comenzó a ser presentado como su sucesor natural. La comparación le abrió puertas, pero también colocó sobre sus hombros una presión enorme.
Su disco A pura sangre vendió aproximadamente 150.000 copias en pocas semanas. Después llegaron De Catamarca al mundo y La Locomotora, además de un Luna Park lleno y giras por diferentes países de la región.
El oscuro presentimiento que quedó grabado después de su muerte
La velocidad de su ascenso también comenzó a desgastarlo. Su madre, Noemí del Valle Nieto, contó que el artista le confesaba sentirse agotado y temer que pudiera sucederle algo parecido a Rodrigo.
Meses antes de morir, Walter había sobrevivido a otro episodio crítico. En abril de 2002 chocó su camioneta contra una vivienda en Catamarca y sufrió un traumatismo de cráneo con edema.
Aquel accidente incrementó la preocupación de su familia, pero el cantante continuó trabajando con una agenda cargada de actuaciones.
El día de su muerte también coincidió con el sexto aniversario del accidente en el que falleció Gilda, ocurrido el 7 de septiembre de 1996. La coincidencia sacudió todavía más al ambiente tropical.
Un funeral multitudinario y una carrera que quedó brutalmente interrumpida
La noticia fue difundida durante la madrugada y cientos de personas se acercaron al hotel. Sus restos fueron velados inicialmente en el boliche Mundo Bailable 2002, en Ingeniero Budge, antes de ser trasladados a Catamarca.
El funeral reunió a una multitud. Walter pasó de cantar por comida y lustrar zapatos en una plaza a convertirse en uno de los nombres más convocantes de la música popular argentina.
Su carrera profesional había durado apenas unos años. Sin embargo, canciones como “Por lo que yo te quiero”, “A pura sangre”, “Adicto a ti” y “Chico de la calle” continuaron sonando después de su muerte.
A 24 años de aquella madrugada, la conclusión judicial permanece: Walter Olmos murió accidentalmente durante la manipulación de un arma que creía incapaz de disparar. El misterio construido alrededor del caso nunca pudo convertirse en una prueba que contradijera esa resolución.
