A pocos meses de haber ganado gran popularidad por su paso por Gran Hermano, Denisse González se sinceró al aire sobre el delicado momento de salud que le tocó transitar recientemente. Invitada al ciclo La Mañana con Moria (eltrece), la influencer rompió en llanto al relatar cómo convive con la púrpura trombocitopénica idiopática, una afección que la llevó a estar internada en situación de extrema vulnerabilidad y de la cual hoy intenta salir adelante.
Visiblemente conmovida, la joven recordó el duro proceso que debió afrontar y destacó el rol incondicional que tuvo su pareja, Bautista Mascia, a quien conoció dentro del reality de Telefe.
“Llegué a tener 1.000 plaquetas”: el peligroso diagnóstico y los riesgos
Con total crudeza, Denisse explicó en qué consiste la patología que le detectaron y los riesgos a los que se vio expuesta debido a la estrepitosa caída en sus valores sanguíneos. “Es una enfermedad muy particular, pero por lo que tengo entendido le pasa a muchas personas. Mi enfermedad se llama púrpura trombocitopénica idiopática, en mi caso es idiopática porque no se sabe la causa que lo provocó”, detalló sobre el origen desconocido del cuadro.
Al explicar la función de las plaquetas en el organismo, dimensionó la gravedad del asunto: “Las personas normales tienen entre 150.000 y 450.000 plaquetas. Yo llegué a tener 1.000“. Esta cifra la dejó al borde del peligro constante, ya que su cuerpo perdió la capacidad de coagulación natural: “Corrí riesgo de tener una hemorragia interna”, reconoció con angustia.
El impacto emocional, la autoimagen y el apoyo incondicional de Bautista Mascia
Haciendo un repaso de lo vivido exactamente un mes atrás, cuando debió ser internada de urgencia, la exparticipante admitió que el camino hacia la aceptación no ha sido sencillo: “Hace un mes, en esta misma fecha, estaba internada. Es muy loco cómo la vida te va presentando problemas de un día para el otro y vos los tenés que afrontar. Hoy por hoy estoy estable, pero estoy muy sensible”.
En cuanto a cómo transita los cambios físicos y emocionales derivados de la medicación, fue categórica: “Me hace mal verme así. Yo no soy una enferma. Sé que tengo una enfermedad, pero no soy la enfermedad. Está todo bien”, expresó buscando transmitir resiliencia.
Por otro lado, se quebró al referirse al sostén fundamental que significó Bautista Mascia durante las largas horas en la clínica: “Es un hombre con todas las letras y fue mi felicidad, mi rayito de luz ahí en esa clínica internada. Por supuesto que se asustó, pero él siempre decía que yo estaba un día más cerca de la curación”, relató con lágrimas en los ojos.
Para finalizar, reflexionó sobre el aprendizaje que le dejó este duro traspié de salud: “Hay que trabajar el hecho de que no podemos controlar la vida. Yo siempre quiero controlar todo, saber el porqué de todo, y hay veces que no hay porqué. Hay que aprender a calmarse y vivir”, concluyó.





