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Cómo fueron los últimos días de Oscar González Oro y qué pasaba con su salud

Por Redacción Chisme
La radio perdió a una de sus voces más queridas y reconocibles. La historia detrás del adiós más triste.
Negro Oro

La sorpresiva partida de Oscar González Oro a los 74 años sacudió al ambiente artístico y periodístico, pero hasta el momento no se difundió un parte médico oficial que determine la causa exacta de su fallecimiento en su residencia de Punta del Este. La noticia quebró el mediodía televisivo y encendió de inmediato las consultas sobre el cuadro clínico que venía arrastrando el legendario animador de Radio 10.

Si bien el entorno familiar y médico optó por el hermetismo en los primeros minutos posteriores al deceso, allegados confirmaron que el periodista atravesaba meses complicados a nivel físico. En el último tiempo, su deterioro corporal se había acentuado, obligándolo a reducir al mínimo sus traslados y a recluirse en la tranquilidad de la costa esteña.

 

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El cuadro respiratorio y el tabaquismo que marcaron su declive

El punto más crítico en el historial médico del mendocino fue su afección pulmonar. En reiteradas oportunidades, el propio locutor admitió padecer un severo cuadro de insuficiencia respiratoria producto de su adicción al cigarrillo: “Fumo desde los 13 años y hoy llegó el momento de empezar a pagar por tanto abuso”, había confesado con crudeza al relatar sus internaciones.

La falta de capacidad pulmonar le exigía controles permanentes y le generaba recurrentes episodios de ahogo o fatiga ante mínimos esfuerzos. Esta limitación crónica fue la que terminó de inclinar la balanza para abandonar el ritmo demoledor de los estudios de radio y mudarse a orillas del mar en busca de una atmósfera más limpia y libre de estrés.

 

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Problemas de movilidad, diabetes y el doloroso balance sobre su cuerpo

A los problemas en las vías aéreas se le sumó un cuadro complejo de diabetes tipo 2, enfermedad que le causó una brusca pérdida de peso y complicaciones metabólicas. En sus últimas entrevistas íntimas, González Oro fue desgarradoramente sincero al describir cómo el deterioro físico impactaba en su vida cotidiana: “Me cuesta caminar y a veces pierdo el equilibrio. Yo decidí no viajar más porque no me da el cuerpo”.

“No me gusta que mis hijos me vean así, en la decadencia, porque yo era símbolo de poder hacer todo y ya no puedo”, expresaba con angustia al referirse a su orgullo de no querer pedir una silla de ruedas ni asistencia motriz. A la espera de precisiones forenses o de un comunicado familiar que detalle las causas directas del paro o la falla que desencadenó el desenlace, el dial llora la partida de una voz irrepetible.

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