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La escabrosa frase con la que Darío Giordano enfrentó a Gustavo Yankelevich mientras sus nietos vivían un horror de maltrato y golpes

Por Federico Vargas
El productor contó en Intrusos su dramática verdad y el momento de quiebre para su familia.
Yankelevich

Horas después de que Valentín Yankelevich sacudiera al país con su crudo relato sobre los años de violencia física y psicológica que sufrió de niño tras la muerte de Romina Yan, su abuelo materno, Gustavo Yankelevich, rompió el silencio en una comunicación telefónica con Intrusos (América TV).

Totalmente quebrado y con lágrimas en los ojos, el prestigioso productor de televisión y teatro reveló la trama oculta del rescate de sus nietos, la alerta temprana de Cris Morena y la feroz golpiza que sufrió su nieto mayor, Franco, tras intentar escapar del hogar paterno.

“Cris Morena fue la primera en advertirme que algo raro pasaba”

Al inicio de la entrevista, Gustavo quiso dejar en claro el rol fundamental que tuvo la productora y creadora infantil en todo el proceso, despejando cualquier duda sobre su intervención:

  • La advertencia inicial: “La primera que notó esto fue Cris. Lo digo porque, como no está tan mencionada en la nota, pareciera que no lo hubiera notado o no hubiera actuado. Cris lo notó y me habló a mí, me advirtió: ‘Está pasando algo raro, prestale atención a los chicos’”, relató conmovido.
  • El pedido de Franco a los 11 años: Al intensificar el contacto cotidiano, fue su nieto mayor quien primero le pidió auxilio: “Franco me dijo: ‘Abuelo, quiero irme a vivir con vos’, pero todavía no me decía que le pegaban. Le propuse hablar con su papá para que viniera una semana conmigo de prueba”.

La respuesta de Giordano y la golpiza que precipitó la causa

El intento de acordar una convivencia pacífica chocó contra una pared autoritaria que encendió todas las alarmas en el productor: “Cuando me junté con Darío, me contestó: ‘De ninguna manera, yo soy el dueño de mis hijos. Hasta los 18 años van a hacer lo que yo quiera’. Y ahí me di cuenta de que estaba pasando algo más grande de lo que yo pensaba”, recordó Gustavo.

Lo que vino después fue escalofriante. A la semana siguiente, Gustavo pasó a buscar al niño por el colegio para almorzar y lo notó completamente retraído, sin emitir palabra.

Tras insistir para saber qué le ocurría, el pequeño rompió en llanto: “’Abuelo, si vos le contás esto a papá me va a matar. Cuando se enteró que yo te pedí de ir a vivir con vos una semana me cagó a trompadas, me desmayó a golpes’”.

Tres años de batalla legal y el pacto de silencio por Azul

A partir de esa confesión, Yankelevich contrató especialistas en derecho de familia y dio inicio a una dura contienda en la Justicia. “A mí me dieron la tenencia provisoria por tres meses, todos los días monitoreaban cómo estaban los chicos. Pasaron tres años y medio hasta que me dieron la tenencia definitiva. Franco ya tenía 18 años”, explicó sobre los tiempos procesales.

Gustavo aclaró que el silencio público fue una estrategia para no perjudicar la causa y, fundamentalmente, para cuidar a la menor de los hermanos: “Ellos querían hablar desde el primer día, pero había que esperar a que Azul terminara el colegio y pudiera irse de esa casa. Hablaron con ella, le explicaron su necesidad de contar la historia y, aunque Azul hubiera preferido que no se contara porque vivió ahí, finalmente lo entendió y lo aceptó”.

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