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“Ni la muerte me puede parar”: el día que Locomotora Castro se estrelló contra un árbol y quedó en coma

Por Redacción Chisme
En 2005 chocó contra un árbol en la Costanera Sur, sufrió graves lesiones pulmonares y pasó 29 días internado.
Locomotora Castro

Mucho antes de su muerte, Jorge “Locomotora” Castro ya había atravesado una pelea por su vida fuera del ring. El 17 de junio de 2005, el auto que conducía se estrelló contra un árbol en la Costanera Sur de Buenos Aires. Sufrió una grave lesión en el pecho, debió ser operado y permaneció internado casi un mes en el Hospital Argerich.

Lo que al principio parecía un cuadro delicado pero controlado empeoró con los días. El Roña necesitó un respirador y estuvo bajo coma farmacológico inducido. Años después, al ver cómo había quedado el vehículo, lanzó una frase brutal: “Este se mató”. Recién entonces cayó en que era su propio auto.

La madrugada en que el Renault Laguna se estrelló contra un árbol

El accidente ocurrió cerca de las 5.30 de la mañana, en la zona de Puerto Madero. Castro conducía un Renault Laguna cuando perdió el control en un sector de curvas de la Costanera Sur y chocó contra un árbol. Las primeras crónicas señalaron que la calzada estaba mojada y que llovía; la causa exacta del choque quedaba sujeta a los peritajes.

Tenía 37 años y todavía contemplaba una nueva oportunidad por un título mundial. En cuestión de horas, esa posibilidad deportiva quedó desplazada por una urgencia mucho mayor: lograr que pudiera respirar y superar las lesiones.

La hemorragia en el tórax que obligó a operarlo de urgencia

El golpe le produjo un traumatismo de tórax y una hemorragia. Los médicos informaron que se había acumulado sangre entre un pulmón y la pleura, lo que dificultaba su respiración. También sufrió fracturas y otras lesiones, entre ellas daños en el omóplato y la rodilla derecha.

Fue operado el mismo día del accidente e internado en el Argerich. El primer parte médico transmitió cautela: aunque su estado era delicado, en ese momento los profesionales no consideraban que su vida corriera peligro inmediato. La evolución posterior cambió ese panorama.

El cuadro se agravó: respirador y coma farmacológico

Durante los días siguientes, Castro sufrió complicaciones respiratorias y necesitó asistencia mecánica para respirar. Los médicos lo mantuvieron en coma farmacológico inducido mientras recibía tratamiento.

El 28 de junio, el director del Argerich, Donato Spaccavento, informó que la función pulmonar seguía comprometida y que el pronóstico había empeorado. Era el momento más angustiante de una internación que ya llevaba más de una semana.

Con los años circularon distintas cifras sobre cuánto tiempo estuvo en coma. El propio Castro habló de 27 días al recordar el accidente en una entrevista reciente. Las crónicas médicas de 2005 registraron signos de mejoría antes de que terminara su internación de 29 días. Lo indiscutible es que atravesó un cuadro crítico, con respirador y un largo período del que no conservaba recuerdos claros.

Abrió los ojos y se comunicó con señas: el primer alivio para su familia

Hacia fines de junio llegó una señal esperanzadora. El exboxeador abrió los ojos y comenzó a responder preguntas mediante gestos. Según contaron allegados en aquel momento, incluso llegó a guiñarle un ojo a una persona cercana.

La mejoría todavía exigía prudencia: el equipo médico seguía tratando las complicaciones pulmonares. Pero aquella respuesta marcó un cambio después de días en los que su familia había seguido de cerca cada parte de salud.

“No me para ni la muerte”: el alta, Belén y el regreso del Roña

El 16 de julio de 2005, tras 29 días de internación, Castro recibió el alta. Salió del hospital en silla de ruedas, acompañado por su entonces esposa, Belén, y habló emocionado de sus hijos. Definió lo vivido como “una pelea durísima con la vida”.

Más tarde contó que no recordaba el choque y que, al despertar, ni siquiera entendía por qué estaba en un hospital. Belén había estado a su lado durante la recuperación. El campeón que tantas veces había resistido castigos sobre el ring necesitó entonces aprender a recuperarse lejos de las cámaras, con meses de reposo por delante.

Su carrera siguió después del accidente. Y el Roña convirtió aquella supervivencia en una de sus frases más desafiantes: “Ni la muerte me puede parar”.

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