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La viuda de Lucho Avilés habló de todo en ADN Analógico: su amor de 40 años, la pelea con Gustavo Yankelevich y el dolor de sus últimas horas

Por Redacción Chisme
En una nueva entrega del streaming de Chisme conducido por Karina Iavícoli, María del Carmen Festa recordó al pionero del chimento y dejó muchísima tela para cortar.
Lucho Avilés y María del Carmen Festa

María del Carmen Festa acompañó a Lucho Avilés durante cuatro décadas, pero supo que algo grave le había pasado cuando escuchó la voz de otra persona al teléfono. Era sábado, cerca de las tres y media de la tarde. Su marido había salido a almorzar con amigos y a jugar al truco. Quien llamó desde el club le dijo que Lucho se sentía mal y que habían pedido una ambulancia. Ella cortó y le explicó a su hijo Álvaro por qué ese mensaje la había alarmado tanto: “Si no me habló, es porque ya no puede”.

En una entrevista con Karina Iavícoli en ADN Analógico, la nueva propuesta de streaming de Chisme, Festa reconstruyó aquel 8 de junio de 2019 y volvió sobre los episodios más ásperos de la carrera del conductor de Indiscreciones. Contó cómo empezaron las diferencias con Gustavo Yankelevich por las críticas a Romina Yan, qué le dijeron a Lucho cuando algunos proyectos se cayeron y por qué él nunca se animó a acercarse al productor después de la muerte de su hija.

También habló del hombre con el que se casó en 1981. El mismo que le encontraba un número invertido en una planilla interminable podía acostarse a las cinco de la mañana y levantarse a las siete para llevar a su hijo al colegio. “Fue el gran amor de mi vida”, dijo Festa, que todavía usa su anillo de casada.

Se conocieron en una agencia, chocaban por todo y terminaron juntos 40 años

Festa sitúa el primer encuentro entre 1977 y 1978, en una agencia de publicidad de Buenos Aires. Ella trabajaba en administración y él era director de cuentas. Durante dos años casi no tuvieron trato. La dinámica cambió cuando los otros socios se desprendieron de su parte y Avilés quedó al frente. Ella manejaba los sueldos y los números, así que empezaron a trabajar codo a codo.

La primera impresión que se llevó del hombre con el que después compartiría su vida fue la de un jefe difícil. “Al principio chocábamos mucho porque Lucho tenía un carácter fuerte: era muy autoexigente y, por lo tanto, exigente con los demás”, recordó. Las planillas se hacían a máquina y, si un solo número estaba invertido, él lo encontraba. A ella le daba bronca equivocarse, pero dice que también la empujaba a mejorar por amor propio.

En esa convivencia laboral empezó a conocer una faceta que a los demás les costaba ver. “Era explosivo, pero cuando lo empecé a conocer más vi su otra parte: cuando quería era afectuoso y simpático. Todo nació sin buscarlo ni quererlo”.

Inés Moreno quiso volver y Festa decidió correrse

Cuando se conocieron, María del Carmen estaba soltera y Lucho venía de separarse de Inés Moreno. Según recordó, habían sido pareja durante unos diez años, con idas y vueltas. En los comienzos del nuevo vínculo, hubo momentos en que la actriz quiso retomar la relación. Festa contó que cada vez que eso ocurría prefería apartarse.

“Nunca le dije ‘elegí, ella o yo’, porque no es mi forma de ser: alguien tiene que estar con vos porque quiere estar, no a prepo. Al final él tuvo que optar y eligió solo”, le dijo a Iavícoli.

Se casaron en 1981 y en 1984 nació Álvaro. Con los años, Avilés hizo un chiste sobre cómo había empezado la relación. Decía que evitaba involucrarse con compañeras de trabajo porque la única vez que lo había hecho había terminado casado.

De Montevideo a Indiscreciones: la regla que Lucho decía que jamás iba a negociar

Antes de convertirse en El Pionero de los chimentos, Avilés había estudiado francés y cursado hasta cuarto año de Abogacía en Uruguay, según lo que le contó a Festa. Ya trabajaba en un diario y hacía televisión en Montevideo con El público quiere saber cuando Héctor Ricardo García lo convocó para venir a Buenos Aires.

María del Carmen ubicó en Radiolandia el comienzo del estilo que luego llevaría a Indiscreciones. Recordó que podía hacer reír con un chimento y pasar enseguida al análisis de una obra de teatro o una película. Esa amplitud convivía con una manera de hablar que le trajo más de un problema. En casa, él se lo explicaba con una frase: “María, mi herramienta de trabajo es la credibilidad, yo eso no lo negocio y voy a decir lo que pienso. Con la verdad no le temo a nadie”.

El día en que Jorge Rial escribía La Pavada con las indicaciones de Avilés

Festa conoció a Jorge Rial cuando su marido era director comercial de Crónica. Avilés hacía La Pavada, la contratapa de espectáculos del diario, y el tiempo empezaba a quedarle corto. “Rial iba a Crónica a escribirla con las indicaciones de él”, recordó. Después lo vio integrar la primera etapa de Indiscreciones, el programa por el que pasaron figuras como Marcela Berbari, Marisa Brel, Adriana Salgueiro, Marcela Tauro y Marcelo Polino.

De aquel vínculo quedó el recuerdo de una época compartida. Festa contó que hace tiempo no ve a Rial y que lo saludaría con gusto si se cruzaran. Cuando Iavícoli le preguntó si el alumno había superado al maestro, admitió que su respuesta estaba atravesada por el afecto: “Jorge tiene su estilo, pero Lucho era Lucho y para mí no hay otro”.

Entre las figuras actuales, mencionó a Yanina Latorre por su frontalidad. “Ella va al frente”, dijo. También nombró a Ángel de Brito y señaló que ambos, a su manera, son exigentes en el trabajo, un rasgo que durante años se le señaló a su marido.

“Exigente y gritón”: qué respondió su viuda a quienes lo acusan de maltrato

María del Carmen reconoció los gritos y los arrebatos que le valieron fama de jefe difícil. Desde su experiencia, los interpretó como parte de un modo de trabajo que también asociaba con Gerardo Sofovich y Chiche Gelblung. “Lucho era exigente y gritón, yo no lo considero un maltratador”, dijo. Lo describió como alguien que podía explotar y, cinco o diez minutos después, dar el episodio por terminado.

Para explicar cómo lo veía en casa usó otra imagen: “Yo siempre digo que Lucho era un ‘tigre de papel’: tenía esa apariencia fuerte, pero después tenía un corazón generoso, era súper familiero y protector”.

La escena que eligió para retratarlo como padre ocurrió cientos de veces. En los años de más trabajo podía acostarse a las cinco de la mañana y, aun así, levantarse a las siete para llevar a Álvaro al colegio. Con el tiempo, le confesó que le hubiera gustado estar más presente. Cuando su hijo se entusiasmó con el karting, lo acompañó en viajes a Córdoba y Mendoza para verlo correr.

La pelea con Gustavo Yankelevich empezó por Romina Yan y dejó una sospecha sobre el futuro de Lucho

“Fue una historia lamentable”, dijo Festa al volver sobre el enfrentamiento con Gustavo Yankelevich. Según su recuerdo, el origen fueron las críticas que Avilés hizo sobre la actuación de Romina Yan cuando ella empezó a trabajar como actriz. María del Carmen admite que su marido podía ser hiriente al hablar y entiende que, del otro lado, había un padre que defendía a su hija.

Una vez intentó conversar con Lucho sobre el tema. Él cortó el intercambio con una respuesta que ella todavía recuerda: “María, es mi trabajo, no te metas en esto”.

Lo que vino después es la parte que Festa relata con más cautela. Dice que Avilés empezó a tener reuniones por proyectos que parecían encaminados y de golpe se caían. Una persona, ya fallecida y a quien ella no identificó, le habría dicho a Lucho que Yankelevich estaba detrás. “No puedo afirmarlo”, aclaró antes de contar esa versión. Su recuerdo directo es el de las propuestas que se frustraban. La atribución al productor proviene de lo que aquel tercero le dijo a su marido.

Por qué Avilés no se animó a acercarse a Yankelevich cuando murió Romina

La muerte de Romina Yan le pegó a Lucho, según su viuda. Para explicarlo, Festa volvió al lugar desde el que él miraba la noticia: el de padre. “Siempre decía que uno no está preparado para que parta un hijo”, recordó.

En su relato, Avilés entendió el dolor de Yankelevich y sintió la pérdida, pero nunca se animó a acercarse. María del Carmen cree que temía que el enfrentamiento de años anteriores todavía pesara y que su gesto fuera mal recibido. Ese acercamiento que no ocurrió es el detalle con el que ella cerró una historia que, incluso mucho después de las discusiones televisivas, seguía siendo incómoda de recordar.

Jacobson lo enfrentó al aire, Andrea del Boca lo llevó a juicio y con Susana hubo una tregua

El episodio con Jorge Jacobson la sorprendió especialmente porque las familias eran amigas. Compartían cenas con Héctor Ricardo García y Ethel Rojo. Festa cree que el conflicto surgió por un desacuerdo laboral entre Lucho y una hija de Jacobson, que trabajaba como productora. Según contó, el periodista salió en defensa de su hija y lo enfrentó mientras el programa estaba al aire.

Pasaron años sin hablarse hasta que coincidieron en Punta del Este. Se saludaron y a ella le costó entender cómo podían hacerlo con tanta naturalidad. “María, pasó hace tanto tiempo, si él viene y me saluda, ¿por qué no lo voy a saludar?”, le contestó Avilés.

El pleito con Andrea del Boca, en cambio, se prolongó en la Justicia y Festa dice que lo padeció mucho puertas adentro. Con Susana Giménez recordó una relación que empezó bien, se enfrió tras la cobertura del episodio del Mercedes-Benz y Ricardo Darín, y volvió a recomponerse. Entre las pruebas que guarda de esa tregua hay una cena compartida con Susana, Corcho Rodríguez y Teté Coustarot.

La fortuna que le atribuían y la discusión que sí tuvieron en casa

Festa también se refirió al dinero que, con los años, se le atribuyó al conductor. “Hay una fantasía de que Lucho Avilés era rico, pero no era supermillonario”, dijo. Contó que vivían bien gracias a una etapa de mucho trabajo y se definió como parte de una familia de clase media acomodada. En casa, la diversión de Lucho podía ser armar un torneo de truco o jugar al póker con amigos como Susana Fontana, Daniel Mendoza y Víctor Sueiro.

La caza sí marcó una diferencia entre ellos. En sus últimos años, Avilés viajaba al sur con amigos y, según Festa, justificaba la caza de jabalíes diciendo que eran una plaga y que después comían lo que cazaban. Ella, que se define como “re bichera”, jamás participó ni cocinó lo que traía. “No transaba con mis convicciones, pero en 40 años de convivencia uno aprende a respetar y ceder”, contó.

A las tres y media sonó el teléfono: la última tarde de Lucho Avilés

Según su esposa, Avilés había atravesado 20 intervenciones quirúrgicas, entre ellas una operación de pulmón y otra por divertículos, además de problemas cardíacos. Frente a cada episodio, ella recuerda que repetía: “Yo de esta voy a salir porque hay una familia que espera de mí”.

El sábado 8 de junio de 2019, al mediodía, Lucho le dijo que iba a almorzar al club, jugaría unos partidos de truco y volvería a las cinco. Cerca de las tres y media sonó el teléfono. “Lucho no se siente bien, llamamos a la ambulancia, ¿podrías venir a buscarlo?”, le dijeron.

Álvaro intentó tranquilizarla. Le planteó que tal vez su papá solo necesitaba que alguien lo llevara de vuelta a casa. Ella pensó en cómo había reaccionado Lucho cada vez que se había sentido mal. “Si él hubiera tenido un hilo de voz me habría hablado él mismo para tranquilizarme y decirme que vaya”, recordó haberle dicho a su hijo.

Según reconstruyó Festa, después del almuerzo Avilés subió unas escaleras para ir al baño, sufrió un problema cardíaco, se desmayó y cayó. Cuando ella y Álvaro llegaron al club y vieron el patrullero y la ambulancia, entendió la gravedad de lo que había ocurrido. “Lo vi y me quedé congelada, dura. Es una imagen que tengo grabada y creo que nunca más se va a borrar de mi mente”.

“Su muerte fue un tsunami”: el duelo en pandemia y el anillo que sigue usando

La pérdida se volvió más difícil de atravesar cuando llegó la pandemia. Al dolor por la muerte de Lucho se le sumó el encierro y, según contó, necesitó seis meses de acompañamiento psiquiátrico. “Su muerte fue un tsunami para mí. Ya pasaron siete años y todavía se me hace cuesta arriba. He llorado muchísimo”, le dijo a Iavícoli.

Hoy lo sigue soñando y lo recuerda en detalles que a otro podrían pasarle inadvertidos. Cuando salían juntos, Lucho siempre encontraba dónde estacionar, incluso en lugares donde parecía imposible. Desde que murió, a ella le pasa seguido que un auto se va justo cuando llega. Le ocurrió tantas veces que terminó contándoselo a su familia. Le gusta pensar que él le dejó esa suerte o que todavía la acompaña.

“Sigo usando el anillo de casada y no me lo voy a sacar”, aseguró. Dijo que no se imagina conociendo a otra persona y que considera cerrado ese capítulo. Al elegir qué recuerdos quedarse, puso en la misma frase los viajes que le permitió hacer al lado de Avilés y un gesto de cualquier fin de semana: cuando él la veía en la cocina y le decía “no quiero verte lavar un plato, vamos a comer afuera”.

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