Entre nombres enormes, romances, escándalos y reconstrucciones históricas, hay un personaje de Moria que terminó provocando una de las mayores curiosidades después del estreno en Netflix: Batato Barea. Para buena parte del público joven fue un descubrimiento; para quienes atravesaron el under porteño de los 80, la aparición funciona como un homenaje a uno de los artistas más rupturistas de la posdictadura.
Su irrupción en la ficción no es casual. Batato tuvo un encuentro televisivo real con Moria Casán en A la cama con Moria y la serie reconstruye ese momento con una enorme carga emocional. La One es interpretada allí por Sofía Gala Castiglione y Batato por Donna Tefa Sanguinetti, artista que además participó como coguionista de la producción.
Quién fue Batato Barea, el artista que rompió todas las reglas antes de que existieran las etiquetas
Su nombre verdadero era Salvador Walter Barea. Nació el 30 de abril de 1961 en Junín y a los siete años se mudó con su familia a Buenos Aires. Antes de vivir del arte trabajó como camarero, cadete, vendedor de fiambres y masajista. En 1979 comenzó a estudiar actuación y luego pasó por maestros como Lito Cruz, Víctor Mayol y Enrique Dacal.
El punto de quiebre llegó en 1984, cuando comenzó a estudiar clown con Cristina Moreira. Ese mismo período lo encontró formando Los Peinados Yoli y posteriormente El Clú del Claun, donde terminó consolidando el nombre Batato Barea.
Pero definirlo simplemente como actor sería quedarse corto.
Batato construyó un lenguaje que mezclaba clown, poesía, transformismo, humor, improvisación y performance. Se autodefinía como un “clown travesti literario”, una expresión que sintetizaba un universo difícil de clasificar incluso para los parámetros culturales de los años 80.
Cemento, el Parakultural y el Rojas: Batato fue una estrella cuando el under todavía era realmente under
Su hábitat natural fueron espacios que hoy son míticos: Cemento, el Parakultural y el Centro Cultural Ricardo Rojas.
Allí desarrolló los llamados “numeritos”, pequeñas intervenciones teatrales que podían mezclar poemas, objetos encontrados, vestuario, absurdo y provocación. Junto a Alejandro Urdapilleta y Humberto Tortonese formó uno de los tríos más recordados de aquella escena.
También recuperaba textos de Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni y Néstor Perlongher, llevándolos a escenarios donde la literatura dejaba de ser solemne y se convertía en cuerpo, humor y descontrol.
El investigador teatral Jorge Dubatti lo considera uno de los grandes renovadores de la escena de la posdictadura por la manera en que cruzó género, performatividad, política y nuevas formas teatrales.
Qué unió a Moria Casán y Batato Barea: dos mundos distintos con la misma obsesión por romper límites
Ahí aparece la conexión que la serie de Netflix vuelve central.
Moria pertenecía al mainstream absoluto: televisión abierta, revista, cine comercial y grandes audiencias. Batato provenía de los márgenes culturales porteños. Pero compartían algo esencial: ninguno aceptaba fácilmente las categorías que el espectáculo intentaba imponerles.
El punto de encuentro más recordado fue A la cama con Moria. Batato llegó al programa después de un viaje a Uruguay y, según recordó la propia Casán, estaba muy enfermo y con fiebre. Cuando Moria lo vio esperando, tomó una decisión que mostró cuánto lo respetaba: descartó la idea de compartir el segmento con otras figuras y decidió dedicarle la entrevista únicamente a él.
La frase con la que posteriormente recordó aquella determinación fue contundente: “La cama será con él, con nadie más”.
No era apenas una entrevista televisiva. Para Batato significaba ingresar con su estética y su identidad a un territorio masivo que pocas veces abría sus puertas al under de esa manera.
Que genial que Batato Barea ya le servía los ñoquis a Manzano y a los Macri en el Dorado. Argy , es cíclica. pic.twitter.com/wcdDFGuACm
— Madame Heidi Fleiss (@M_heidi_fleiss) August 18, 2026
La entrevista con Moria que Netflix reconstruyó y ahora volvió a emocionar
La ficción recupera aquel encuentro en el tercer episodio.
Sofía Gala interpreta a su madre en esa etapa y reproduce la célebre cama televisiva. Frente a ella aparece Batato, encarnado por Donna Tefa Sanguinetti.
El momento más fuerte parte de una conversación que realmente existió.
Moria le preguntó a Batato si estaba contento por la repercusión que estaba obteniendo en los medios. Él respondió afirmativamente, pero el registro quedó atravesado por su frágil estado de salud. La serie toma esa intimidad y la convierte en uno de sus momentos más sensibles.
Batato estaba atravesando los últimos meses de su vida.
Ese conocimiento posterior cambia por completo la escena: lo que entonces podía verse como la llegada de un artista under a la televisión hoy funciona casi como una despedida.
Quién interpreta a Batato Barea en Moria y por qué su elección llamó tanto la atención
La encargada de ponerse en su piel fue Donna Tefa Sanguinetti. Su participación tiene un detalle importante: Sanguinetti no solo integra el elenco, sino que también trabajó como coguionista de la serie. De esa manera, su vínculo con el personaje excedió la actuación y alcanzó la construcción narrativa del homenaje.
Netflix había presentado Moria como una ficción inspirada en la vida de Casán y concebida como un homenaje más amplio a la cultura popular argentina. El episodio de Batato probablemente sea una de las expresiones más claras de esa intención: detener durante varios minutos la biografía de una megadiva para recuperar a un artista que estuvo en el margen del sistema.
Batato llegó a la televisión cuando casi nadie del under lograba hacerlo
Aunque quedó fuertemente ligado al circuito alternativo, Barea no permaneció encerrado allí.
Participó en televisión junto a Antonio Gasalla y apareció además en ciclos de Teté Coustarot y Juan Carlos Mareco, además de su visita a Moria. Ese salto resultaba especialmente disruptivo porque el universo televisivo de comienzos de los 90 tenía muy pocos puntos de contacto con aquella escena contracultural.
También trabajó en cine y publicidad. Sin embargo, su identidad nunca terminó absorbida por el mainstream: siguió siendo Batato, con una estética que desafiaba las convenciones escénicas, sexuales y culturales de la época.
La historia terminó de la manera más dolorosa: murió con apenas 30 años
Batato estaba gravemente enfermo cuando realizó algunos de sus últimos trabajos.
Todavía en esas condiciones viajó a Montevideo para participar del Festival Rioplatense de Nuevas Tendencias Teatroff. Murió en Buenos Aires el 6 de diciembre de 1991, con apenas 30 años.
Su muerte estuvo vinculada a complicaciones derivadas del VIH, en una época atravesada todavía por una enorme estigmatización social alrededor del sida. Lejos de apagarse, su figura fue creciendo con los años.
La sala principal del Centro Cultural Ricardo Rojas lleva su nombre, existe una estrella que lo recuerda en la Avenida Corrientes y su vida fue recuperada en libros, exposiciones y en el documental La peli de Batato.
Por qué Batato terminó convirtiéndose en una de las grandes revelaciones de la serie de Moria
La potencia del personaje está justamente en que no necesita ocupar muchos capítulos para dejar una marca.
En una ficción dominada por una protagonista gigantesca como Casán, Batato aparece como un espejo inesperado: otro artista que convirtió su cuerpo, su lenguaje y su propia identidad en una obra.
La diferencia era el lugar desde donde cada uno lo hacía. Moria rompía reglas desde el centro del espectáculo; Batato las dinamitaba desde los márgenes. Y aquel encuentro en una cama de televisión terminó reuniendo esos dos mundos.
Más de tres décadas después de su muerte, Netflix volvió a ponerlo frente a Moria y consiguió algo inesperado: que una generación que nunca había escuchado hablar de él comenzara a preguntarse quién fue Batato Barea. Esa curiosidad posterior al estreno es, quizás, una prueba de por qué su breve aparición funciona como uno de los grandes hallazgos de la serie.





