La última vez que un papa visitó la Argentina fue del 6 al 12 de abril de 1987. Juan Pablo II recorrió diez ciudades durante la presidencia de Raúl Alfonsín y cerró el viaje con una multitudinaria misa frente al Obelisco. El país llevaba poco más de tres años de democracia y todavía discutía cómo juzgar los crímenes de la dictadura.
La visita dejó una imagen de fervor popular, pero también quedó marcada por lo que ocurrió apenas tres días después de la partida del pontífice: comenzó el levantamiento carapintada de Semana Santa, una de las crisis más graves que enfrentó el gobierno radical.
Juan Pablo II y Alfonsín: un encuentro en una democracia todavía frágil
El papa era Karol Wojtyła, el pontífice polaco que ya había estado en la Argentina en junio de 1982, durante los últimos días de la Guerra de Malvinas. Aquella primera visita había sido breve y lo había recibido el presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri.
En 1987, el escenario era otro. Alfonsín gobernaba desde diciembre de 1983, ya se había realizado el Juicio a las Juntas y seguían abiertas fuertes tensiones por las investigaciones a militares. También había debates sociales intensos, como el de la ley de divorcio vincular.
Juan Pablo II llegó desde Chile el 6 de abril. El presidente lo recibió en la Casa Rosada, mantuvieron una conversación privada y después el papa saludó desde el balcón a la multitud reunida en Plaza de Mayo.
Diez ciudades en una semana: el recorrido que movilizó al país
La gira pasó por Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario. En cada escala hubo actos, celebraciones religiosas y calles llenas de personas que buscaban ver pasar el papamóvil.
El itinerario también retrató las preocupaciones de la época. En Mendoza, el mensaje sobre la paz tenía un peso particular: la mediación de Juan Pablo II había sido decisiva para resolver el conflicto con Chile por el canal de Beagle. En Córdoba habló sobre el matrimonio y la familia, en medio de la discusión por el divorcio. En el Mercado Central se encontró con trabajadores y dirigentes sindicales.
Viedma, otra parada del viaje, era además la ciudad a la que Alfonsín proyectaba trasladar la Capital Federal. Ese plan nunca llegó a concretarse.
La frase de Córdoba y la misa que desbordó la 9 de Julio
La gira tuvo momentos menos solemnes. En Córdoba, una multitud seguía llamándolo cerca de la medianoche. Juan Pablo II salió a saludar y preguntó: “¿Es cierto que en Córdoba de noche no se duerme?”. Ante la respuesta del público, remató: “Pero el Papa es normal y sí duerme”.
El cierre llegó el domingo 12 de abril, con la Jornada Mundial de la Juventud y la misa de Domingo de Ramos sobre la avenida 9 de Julio. Alfonsín estuvo presente. Según las crónicas de la época, alrededor de un millón de personas participaron de aquella celebración frente al Obelisco.
Tres días después, el alzamiento que cambió el clima del país
Juan Pablo II partió esa noche hacia Roma. El jueves siguiente comenzó la rebelión militar encabezada por Aldo Rico, que puso al gobierno democrático bajo una enorme presión y movilizó a miles de ciudadanos en defensa de las instituciones.
Ese contraste explica por qué la visita de 1987 ocupa un lugar singular en la memoria argentina: durante una semana, el país siguió el recorrido de un papa por diez ciudades; apenas después, tuvo que salir a defender una democracia que todavía estaba afirmándose.




