Julieta Díaz siempre mantuvo un perfil reservado cuando se trató de su vida sentimental. Sin embargo, a lo largo de los años se conocieron algunas de las relaciones que marcaron su historia: un romance juvenil con Luciano Castro, un matrimonio que duró más de una década, vínculos con artistas y, ahora, una revelación inesperada sobre una mujer de la que se enamoró cuando tenía apenas 17 años.
La actriz sorprendió al recuperar una experiencia que durante mucho tiempo había interpretado desde otro lugar. Según contó, durante su adolescencia sintió una conexión muy especial con una colega dos años mayor con quien compartía trabajos, ensayos y una profunda amistad. “En todos los trabajos que hacíamos, queríamos trabajar juntas”, recordó Díaz. En ese momento admiraba especialmente su talento y su sentido del humor, pero con los años comenzó a revisar aquellos sentimientos y a preguntarse si detrás de esa admiración no había existido también deseo.

Una visita a la casa de aquella amiga quedó especialmente grabada en su memoria. Díaz recordó haber sentido una excitación particular que entonces no pudo identificar. “Yo siento que ahora quizás me lo reprimí y en ese momento sí lo sentía”, reflexionó.
Con el paso del tiempo, sus vidas tomaron caminos diferentes. Sin embargo, cuando volvían a cruzarse, la conexión seguía presente a través de abrazos, alegría y un cariño que había sobrevivido a los años. Tres décadas tuvieron que pasar para que Julieta decidiera enfrentarse a aquella historia. Cuando volvieron a encontrarse, la actriz eligió sincerarse sobre lo que había sentido en su adolescencia y la invitó a cenar a su casa.
La noche transcurrió entre una grappamiel y una conversación profunda hasta que finalmente ocurrió aquello que nunca había sucedido cuando eran jóvenes: se besaron. “Fue muy amoroso, muy hermoso”, recordó Díaz.

La experiencia no derivó en una relación sexual ni en una pareja. Ambas siguieron con sus vidas, pero para Julieta tuvo un significado particular: le permitió darle otra dimensión a un sentimiento que había permanecido guardado durante décadas. Según explicó, nunca volvió a experimentar algo similar con otra mujer y terminó definiendo aquella historia como una suerte de amor platónico que finalmente pudo materializarse.
La confesión suma así un capítulo desconocido a la vida sentimental de la actriz, en la que hubo relaciones que se hicieron públicas y otras que recién salieron a la luz muchos años después.
Luciano Castro, el romance secreto de juventud
Uno de los nombres más conocidos entre los amores de Julieta Díaz es el de Luciano Castro. Ambos se conocieron siendo muy jóvenes y durante años su relación quedó prácticamente como un secreto dentro del mundo del espectáculo.
Fue recién en 2022, durante una participación conjunta en PH, Podemos Hablar, cuando terminaron reconociendo públicamente que habían sido novios. “Fuimos novios”, confirmó Díaz. “Salimos poco tiempo, éramos muy jóvenes, teníamos 20 años”, agregó.

El vínculo coincidió con los primeros años de sus carreras y con la pasión que ambos compartían por la actuación. Trabajaron juntos en ficciones como Campeones de la vida y, muchos años más tarde, volvieron a encontrarse profesionalmente en Valientes y Pequeña Victoria.
Díaz incluso recordó algunas escenas de aquella intimidad juvenil: “Mirábamos películas de Marlon Brando juntos y yo lo esperaba a él con los ravioles”. La relación duró poco, pero consiguió transformarse en una amistad que atravesó los años.
Brent Federighi, su matrimonio y el nacimiento de Elena
Una de las relaciones más importantes de su vida fue la que mantuvo con Brent Federighi. Se conocieron en 2007 y, después de varios años juntos, decidieron formalizar la relación. Federighi le propuso matrimonio en 2010 y en noviembre de 2011 celebraron su boda.
La pareja construyó una vida familiar lejos de la exposición permanente y en diciembre de 2014 nació Elena, la única hija de la actriz. Finalmente, el matrimonio llegó a su fin en 2018. Díaz siempre procuró preservar especialmente esa parte de su intimidad y también la vida de su hija, por lo que la ruptura se transitó públicamente sin grandes escándalos.

Tute, otro amor ligado al mundo del arte
Después de su separación de Federighi, Julieta volvió a apostar al amor. Uno de sus romances fue con Juan Matías Loiseau, popularmente conocido como Tute, dibujante e historietista e hijo del recordado Caloi.
La relación duró alrededor de un año y terminó en 2020. Lejos de protagonizar una ruptura conflictiva, Díaz habló entonces con cariño de su expareja y explicó que simplemente habían tomado caminos diferentes: “Es verdad, nos separamos. Está todo bien. Él es una buena persona y las relaciones muchas veces tienen eso, que por momentos uno se encuentra con otra persona, pero después se desencuentra, y a nosotros nos pasó eso”, explicó en aquel momento.
Gervasio Troche, el amor que nació durante la pandemia
Poco después apareció en su vida otro ilustrador: el uruguayo Gervasio Troche. La relación comenzó en 2020, en plena pandemia, y tuvo desde el comienzo una característica particular: la distancia.
El vínculo se inició de manera virtual y con el tiempo Díaz comenzó a viajar frecuentemente a Uruguay para encontrarse con él. Cuando finalmente decidió hacerlo público, se mostró profundamente enamorada y destacó también la buena relación que Troche había construido con Elena. “Estoy muy enamorada, y a veces la distancia es dura, porque capaz pasan dos o tres semanas que no nos vemos; pero viajo bastante seguido y nos llevamos muy bien, además de que tiene una relación hermosa con mi hija Elena”, contó cuando blanqueó públicamente el romance.
Sin embargo, la historia terminó. En abril de 2025, Díaz confirmó que llevaba aproximadamente diez meses separada, por lo que la ruptura se había producido durante 2024. “Me separé hace diez meses y estoy muy tranquila. Con varios temas personales y cuidando mucho mi energía”, explicó entonces.
A pesar del final, la actriz dejó en claro que no había cerrado definitivamente las puertas al amor y habló de su deseo de compartir nuevamente una intimidad romántica con alguien, aunque sin la presión de construir necesariamente una pareja bajo esquemas tradicionales.

Ahora, la historia de aquella mujer que conoció cuando tenía 17 años permite mirar su recorrido sentimental desde una perspectiva diferente. Entre romances públicos, un matrimonio, separaciones y vínculos que sobrevivieron convertidos en amistad, Díaz reveló que uno de sus primeros grandes sentimientos había permanecido durante décadas en un terreno mucho más íntimo.
Aquel beso que llegó 30 años después no terminó en noviazgo ni cambió el rumbo de sus vidas, pero sí le permitió volver sobre su adolescencia y reconocer un deseo que entonces no había podido nombrar. Un amor platónico que, mucho tiempo después, finalmente dejó de ser solamente una pregunta.

