Marcelo Longobardi recordó uno de los episodios más impactantes de su carrera periodística: sufrió lo que años después identificó como un ataque de pánico mientras se encontraba en la casa de Emir Yoma, en medio de una delicada negociación por una entrevista.
Entrevistado por Fernando Marín para Infobae, el periodista recordó que comenzó a sentirse mal repentinamente, perdió el conocimiento y terminó siendo asistido por médicos dentro de la propiedad. “Me desmayé y terminé en la cama de Emir Yoma”, relató.
La reunión cargada de tensión que terminó de la peor manera
Longobardi había llegado acompañado por Mariano Grondona para negociar una entrevista con Amira Yoma, hermana del empresario y exfuncionario menemista.
El encuentro estaba relacionado con una denuncia por narcotráfico que la colocaba en el centro de una fuerte tormenta política y judicial. En ese contexto, el comunicador comenzó a experimentar un intenso malestar físico.
Los médicos le controlaron la presión e intentaron establecer qué había sucedido. En aquel momento, sin embargo, Longobardi no consiguió reconocer el origen del episodio.
Marcelo Longobardi: “Tuve un ataque de pánico y terminé en la cama de Emir Yoma” I Por Fernando Marín https://t.co/BHRkephXk2 pic.twitter.com/HaHj8htPcQ
— infobae (@infobae) September 7, 2026
“Me desmayé”: el colapso que su cuerpo no pudo contener
Con el paso de los años, el conductor comprendió que había atravesado un ataque de pánico relacionado con la enorme tensión física y mental que acumulaba.
“Lo que no decís, el cuerpo lo expresa de una manera u otra”, reflexionó. También contó que padeció una fuerte tensión en el diafragma y que durante mucho tiempo necesitó realizar reeducación postural.
La razón íntima que explicó el ataque de pánico
Longobardi aseguró que el episodio también estuvo atravesado por un profundo conflicto interno: “Lo que pensaba no era acorde con lo que sentía que debía estar haciendo”.
“Me resultaba inaceptable estar ahí”, reconoció sobre aquella visita.
El periodista afirmó que no volvió a padecer un cuadro similar en más de veinte años. Sin embargo, todavía lleva una pastilla consigo como una especie de “salvavidas” ante la posibilidad de volver a sentirse mal.





