“No importa el qué dirán”, dice una de las canciones que acompañan la segunda temporada de Love Is Blind Argentina. Y, de alguna manera, esa frase también resume la historia de Matías Pesich. Porque se animó a dejar el trabajo, a alejarse de su hijo por unas semanas y a apostar por una experiencia donde el corazón debía decidir antes que los ojos. No encontró un final de cuento de hadas ni llegó al altar, pero sí una historia que, asegura, lo transformó para siempre.
Con su humor, su espontaneidad y un perfil bajo que lo mantuvo lejos de las polémicas, El joven se convirtió en uno de los participantes más queridos de la segunda temporada del reality de Netflix.

Dentro del experimento conectó con Eugenia Maldotti, con quien compartió las cabinas, la luna de miel en Puerto Escondido y la convivencia en Buenos Aires. Sin embargo, cuando llegó el momento de decidir si dar el “sí”, entendió que todavía le faltaba algo y eligió bajarse antes del altar.
En diálogo con Chisme, Matías habló sobre el detrás de escena del programa, la exposición que trajo el reality, el vínculo que todavía mantiene con Eugenia, las críticas que recibió en redes y el motivo por el que decidió mantenerse siempre al margen de los escándalos: “Bien, tranquilo, disfrutando un poco de todo esto. La verdad es que es un flash todo lo que estamos viviendo. Es una locura”, resumió sobre el fenómeno que generó el programa.
Su participación no fue producto de un impulso. Recordó que una noche empezó a ver la primera temporada “por curiosidad” y terminó maratoneándola con sus amigos: “Ahí les dije: ‘Si hacen una segunda temporada, me voy a anotar'”. Cuando una amiga le envió la convocatoria, no lo dudó y mandó el mail para participar.

Aunque sabía que el reality generaba repercusión, admite que nunca imaginó la magnitud de la exposición: “La verdad es que recién ahora estoy cayendo en dónde me metí. Recién ahora estoy viendo la repercusión que tiene el programa y lo grande que es todo esto. Por suerte, hasta el momento estoy bastante afuera de los quilombos”.
Antes de entrar también pensó en cómo podía influir la edición del programa. Sin apuntar directamente contra la producción, dejó un comentario que dio que hablar cuando se refirió al tratamiento que recibieron algunos participantes: “Vos fijate que hay historias que no se cuidaron mucho”, deslizó, dejando entrever que no todos atravesaron la experiencia televisiva de la misma manera.
Otro de los grandes desafíos fue guardar el secreto durante casi un año. Ni siquiera podía mostrar en redes si estaba o no en pareja: “Lo más difícil fue haber vivido una experiencia espectacular y no poder compartirla con nadie durante tanto tiempo”, recordó entre risas, mientras contaba que incluso perdió una apuesta con un amigo que sospechaba que formaba parte del reality.

El momento en que apareció el “clic”
Las primeras jornadas dentro de las cabinas fueron agotadoras. Llegó a tener hasta 16 citas en un mismo día y confesó que terminaba completamente exhausto. Sin embargo, hubo una conversación que marcó un antes y un después.
Con Eugenia encontró un espacio para mostrarse tal como era. Después de hablar con uno de sus compañeros sobre lo mucho que le costaba abrirse, decidió dejar de lado las inseguridades y sacar a relucir su lado más divertido. Fue entonces cuando sintió que algo cambiaba: “Dos citas después sentí el clic. Empecé a extrañarla. Llegaba la noche y necesitaba volver a hablar con ella”, recordó.

La historia continuó en Puerto Escondido, donde ambos disfrutaron de la luna de miel. Pero el verdadero desafío llegó al regresar a Buenos Aires: “Puerto Escondido era un sueño. Todo ayudaba a que la experiencia siguiera creciendo. Después volvimos a Buenos Aires y ahí realmente empezás a conocer a la otra persona. Ya sabés cómo piensa, pero convivir todos los días es otra cosa”, explicó.
Con el correr de los días sintió que todavía no estaban preparados para dar un paso tan importante como el casamiento. Lejos de estirar la historia por televisión, eligió ser sincero con Eugenia y también con él mismo: “Yo en un momento le dije: ‘Si vos querés, nos casamos. Pero siento que todavía es demasiado rápido’. Lo que me pasaba era que sentía que todavía no estábamos conectando del todo. Por lo menos desde mi lado no era algo genuino decirle que sí solamente para terminar el experimento”, recordó.

Aquella decisión le valió críticas en redes sociales, pero nunca se arrepintió: “Muchos me dijeron tibio, cagón, boludo… pero preferí hacer lo que realmente sentía. No quería atravesar una situación que no tenía ganas de vivir solamente porque era parte del formato”, sostuvo.
A pesar de que la relación amorosa no prosperó, ambos conservaron un vínculo que todavía perdura: “No sé si la palabra es ‘amigos’, pero nos llevamos muy bien. Hablamos casi todos los días. Nos preguntamos cómo está el otro, en qué anda, cómo viene todo”, contó sobre su presente con Eugenia.
Lejos del escándalo
Mientras otros participantes quedaron envueltos en conflictos y fuertes cruces tras el estreno del reality, Matías eligió otro camino.
Explicó que nunca sintió la necesidad de involucrarse en discusiones porque mantiene una buena relación con todos y porque no disfruta de ese tipo de exposiciones. Incluso reveló que varios amigos le insistieron para que aprovechara las polémicas y hablara públicamente, convencidos de que eso podía darle más visibilidad.

Durante algunos minutos llegó a pensarlo, pero enseguida entendió que no era el camino que quería recorrer. “No quiero traicionarme”, les respondió. Según explicó, prefiere que cualquier oportunidad laboral llegue por quien realmente es y no por formar parte de un escándalo.
Esa forma de atravesar el reality terminó siendo, paradójicamente, una de las razones por las que más cariño recibió del público: “Todos me dicen: ‘Mati, fuiste vos. No actuaste. Mostraste exactamente cómo sos’. Eso es lo que más valoro”, aseguró.
La parte que no se vio
Más allá de las polémicas, Matías también siente que hubo una parte importante de su personalidad que quedó fuera de la edición. Explicó que durante los primeros capítulos sí se sintió identificado con lo que veía en pantalla, pero que después el foco estuvo puesto casi exclusivamente en los conflictos de la convivencia con Eugenia.
“Cuando vimos juntos los primeros cuatro capítulos sentí que ahí sí aparecía bastante mi esencia. Se veía ese Matías que hace chistes y que está relajado. Después, durante la convivencia, la historia pasó más por el conflicto de que yo no demostraba tanto afecto y parecía que entre nosotros no pasaba nada. Quizás esa parte fue la que menos me gustó. Pero también entiendo que había una historia que contar y que nuestra relación no terminaba en un casamiento”, reflexionó.
Lejos de querer hacerse conocido por los escándalos, Matías tiene claro cuál es el camino que le gustaría recorrer. Siempre disfrutó del humor, acaba de terminar un curso de stand up y sueña con poder combinar ese costado artístico con el mundo de los medios: “Siempre fui el que hace chistes y está haciendo bromas. Eso en el programa quizás no se vio tanto. Muchos me dicen: ‘Qué aburrido’. Y la realidad es que nos divertíamos muchísimo. Pero la historia estaba contada desde otro lugar y está perfecto. A mí me gusta hacer humor. No tengo mucha vergüenza y disfruto mucho ese lado”, explicó.
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También admitió que la exposición le generó miedo, sobre todo cuando vio la violencia con la que algunos participantes eran tratados en las redes sociales.
Contó que durante los primeros capítulos llegó a buscar su nombre en Twitter y se encontró con comentarios que lo calificaban de “tibio”, “cagón” o “planta”. Incluso hubo un día en el que esas críticas lo hicieron volver triste a su casa. Sin embargo, decidió dejar de leerlas y quedarse con el cariño que recibía en la calle y en sus redes sociales.
En lo personal, hoy atraviesa un presente muy distinto al que imaginaba cuando ingresó al programa. Está soltero, asegura que la experiencia incluso lo volvió “más frío” y reconoce que no tiene ningún apuro por volver a enamorarse.

Su familia también fue un sostén importante durante todo el proceso. Antes de viajar reunió a todos en su casa para contarles que había quedado seleccionado: “No les había contado absolutamente nada durante el casting. Cuando quedé seleccionado organicé una merienda en mi casa e invité a toda la familia. Puse la primera temporada en la televisión, la dejé en pausa y les dije que había hecho el casting y que iba a participar. Lo que más me quedó de ese momento fue la reacción de mi papá. Tiene 88 años y yo pensé que me iba a decir que estaba loco”.
La reacción que más lo sorprendió fue la de su papá, de 88 años. Pensó que iba a intentar convencerlo de no participar, pero ocurrió exactamente lo contrario: #En lugar de frenarme, me contó una anécdota de su juventud. Básicamente me dijo que, cuando uno realmente quiere algo, tiene que animarse y no dejar pasar las oportunidades. Fue como recibir su aprobación y eso significó muchísimo para mí”.
Su padre le contó una historia de juventud y le transmitió una enseñanza que todavía recuerda: cuando uno realmente quiere algo, tiene que animarse y no dejar pasar las oportunidades. Ese respaldo terminó de convencerlo de que estaba tomando la decisión correcta.
Mirando la experiencia con el diario del lunes, Matías asegura que volvería a anotarse sin dudarlo. No se arrepiente de haber dejado el trabajo para participar ni de haber quedado expuesto frente a millones de personas: “No me arrepiento de haberlo hecho. Cuando volví ya no tenía trabajo y había dejado muchas cosas de lado, pero aun así agradezco haber tomado la decisión. Fue una experiencia espectacular. Aprendés muchísimo”.
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Tampoco cambiaría la manera en la que actuó, porque siente que fue fiel a sí mismo desde el primer día hasta el último: “No. Creo que tenía que ser Eugenia. Lo dije también en el reencuentro. Con el diario del lunes, siento que, si no era con ella, no iba a ser con nadie. Estoy feliz de haber vivido la experiencia con Eugenia”.
Y quizás esa sea también la principal conclusión que le dejó Love Is Blind. Para él, el amor puede empezar sin verse, pero no alcanza solamente con eso. Las conversaciones generan conexiones profundas, aunque después hace falta algo más. Ese “clic” imposible de explicar que sintió en otras relaciones y que con Eugenia Maldotti nunca terminó de aparecer. Sin dramatizar el desenlace ni sentirse frustrado, hoy disfruta de su presente sin presiones. Porque entendió que el amor no se puede forzar, y que esperar a que llegue de manera natural también es una forma de elegir.

