Se cumple un año de la muerte de Jorge Lanata, una de las figuras más influyentes y polémicas del periodismo argentino. Su fallecimiento generó un fuerte impacto en el mundo de los medios, donde su estilo directo y disruptivo marcó una época. Pero, además del legado profesional, su partida dejó al descubierto un conflicto íntimo que rápidamente tomó estado público.
Durante las largas semanas de internación del periodista, el hermetismo en torno a su salud y las versiones cruzadas sobre su entorno personal alimentaron especulaciones y tensiones. En ese contexto comenzó a visibilizarse una relación conflictiva entre su viuda, Elba Marcovecchio, y sus hijas, Bárbara y Lola Lanata, una situación que se reflejó en distintos relatos y coberturas mediáticas.
A un año de su muerte, Bárbara y Lola decidieron hablar públicamente en el documental de Resumido “Lanata, el incorrecto: el periodista que rompió todas las reglas”. Allí, pusieron el foco no solo en la figura pública de su padre, sino también en los momentos más difíciles de sus últimos meses de vida. Según relataron, durante la internación comenzaron a suceder situaciones que marcaron un quiebre en los vínculos familiares.
Bárbara fue especialmente contundente al referirse al manejo de las visitas en el hospital. Contó que se estableció una lista de personas autorizadas a ingresar y que quedaron excluidos familiares y personas muy cercanas a Lanata, como las madres de ambas, su mejor amiga y su asistente personal. Según explicó, ese fue el origen del conflicto, y señaló que Marcovecchio asumió las decisiones en su rol de esposa, algo que profundizó una relación que, según afirmó, siempre fue tensa y distante.

Lola, en cambio, aportó una mirada algo más moderada. Reconoció que su vínculo con la esposa de su padre fue más cordial, aunque aclaró que ella vivía con Lanata y atravesó de cerca ese período. Lejos de reavivar la confrontación, los testimonios de ambas parecen buscar una explicación emocional sobre cómo vivieron la enfermedad y la despedida de su padre, en un momento en el que su figura vuelve a ser revisada desde lo más íntimo.

