José Luis “Batata” Clerc y Guillermo Vilas comparten una historia que excede largamente lo deportivo. Fueron compañeros de época, rivales y aliados en algunos de los momentos más memorables del tenis argentino. Con el paso del tiempo, ese vínculo se volvió aún más profundo, y hoy el delicado presente del ídolo convierte cada recuerdo en una emoción difícil de contener. En una reciente charla, Clerc dejó de lado las reservas y se quebró al hablar de él.
Batata fue una de las grandes figuras del tenis nacional en los años 80: llegó al puesto número cuatro del ranking mundial en 1981, ganó 25 títulos ATP y protagonizó gestas inolvidables junto a Vilas, desde semifinales de Grand Slam hasta una histórica final de Copa Davis. Sin embargo, lo que más lo conmueve no tiene que ver con trofeos ni estadísticas, sino con gestos personales que marcaron su vida.
En ese contexto, Clerc recordó una situación íntima que los volvió a unir después de años sin contacto. Su hija Sophie es hipoacúsica y él necesitaba visibilidad para el colegio Las Lomas Oral. Decidió llamar a Vilas y pedirle ayuda. “Le expliqué todo y le pregunté si vendría a una jornada solidaria. Me dijo: ‘Sí, por supuesto, Batata’”, contó. Guillermo no solo asistió, sino que se quedó toda la jornada, compartió el momento y lo vivió con entusiasmo.
Tiempo después, Clerc volvió a recurrir a él para la noche solidaria anual. Le pidió que presentara su raqueta del US Open junto a otros objetos históricos. Vilas aceptó sin dudar: fue, cenó y permaneció toda la noche. “Eso no me lo olvido más”, relató, visiblemente emocionado, al recordar la generosidad y la cercanía del ex número uno.
Hoy, el presente de Guillermo Vilas es muy distinto y doloroso para quienes lo quieren. “No está en su mejor final. No me dejan llamarlo, no me atienden los teléfonos”, confesó Clerc con crudeza. Por eso evita hablar demasiado del tema, aunque el sentimiento se le escapa igual: “Guillermo forma parte de mi familia. Viví toda mi vida con él. Lo quiero, lo adoro y lo extraño mucho”.

