Lo que debía ser una clásica mesaza de sábado por la noche en El Trece, comenzó con un giro de último momento que alteró los nervios del equipo de producción. Ante la repentina ausencia de Mirtha Legrand por motivos de salud, Juana Viale tuvo que ponerse al frente de la pantalla para salvar el horario estelar de La Noche de Mirtha.
Fiel a su estilo irreverente y sin pelos en la lengua, la actriz no dejó pasar la oportunidad de marcar la cancha y, apenas arrancó el programa, le lanzó un divertido pero letal reclamo a sus compañeros detrás de cámara.
El «faltazo» de La Chiqui y el parte médico oficial
El programa sabatino es el feudo indiscutido de Mirtha, por lo que su ausencia encendió rápidamente las alertas en las redes sociales. Sin embargo, Juana se encargó de desactivar cualquier especulación fatalista y trajo tranquilidad sobre el estado clínico de la histórica conductora.
- Descanso obligado: Viale explicó que la ausencia de su abuela se debía, pura y exclusivamente, a un cuadro viral leve. “Estoy acá porque mi abuela está enferma, tiene tos, un resfrío”, detalló, minimizando el impacto de la situación.
- Banca asegurada: para calmar a los televidentes más fieles, la actriz garantizó que el reemplazo es apenas un parche temporal. “No se preocupen, que el sábado que viene ella va a estar acá. Yo le estoy manteniendo calentito su lugar”, bromeó, enviándole un saludo a la Chiqui, quien miraba el programa desde la comodidad de su hogar.
El dardo venenoso al equipo técnico: celos y “favoritismos”
El momento más jugoso de la apertura (y el que generó la risa incómoda de varios en el estudio) no fue el parte médico, sino el pase de factura que Juana decidió hacer público. Todo se desencadenó cuando notó una actitud inusual por parte de los camarógrafos y productores mientras ella hacía su tradicional ingreso.
Lejos de guardarse el comentario, Viale apuntó directamente contra la hipocresía del equipo técnico:
- “Todo lo que no me hacen a mí”: al recibir una catarata de halagos y aplausos desmedidos desde el detrás de escena, la conductora no pudo ocultar su sorpresa y les frenó el carro en vivo. “¡No lo puedo creer, estoy asombrada!”, exclamó, dejando en evidencia que ese nivel de euforia no es moneda corriente cuando a ella le toca conducir los domingos al mediodía.
- El reclamo de los celos: sin filtros, la actriz los mandó al frente ante toda la audiencia, exponiendo el claro favoritismo que existe en el piso de El Trece. “Son unos vendidos ustedes, ¡Dios mío! El público no sabe, pero yo trabajo con todos ellos y no saben toda la fiesta que le hacen a mi abuela, que a mí no me la hacen”, sentenció entre risas, destapando con humor la doble vara que manejan los trabajadores del canal a la hora de recibir a la diva máxima de la televisión frente a su nieta.


