Hay historias de amor que parecen sacadas de una comedia romántica y terminan como un drama de domingo a la noche. La de Adabel Guerrero y Martín Lamela es exactamente esa historia.
Empezó por casualidad en una agencia de autos de Belgrano, duró 17 años, sobrevivió polémicas, distancias y una pandemia, produjo una familia ensamblada que funcionó y un reencuentro emotivo con un padre ausente que conmovió a medio país. Y terminó con un vecino del country, una traición y un posteo en Instagram que lo dijo todo sin decir demasiado.
El primer encuentro: ella quería un auto en cuotas y él estaba recién separado
Corría 2008 y Adabel era una figura del Bailando de Tinelli, en pleno pico de exposición. Necesitaba un auto pero no tenía el dinero para comprarlo de una sola vez. Un amigo en común la mandó a ver a Martín Lamela, que tenía una agencia de venta de autos en Belgrano y estaba recién separado de su primera esposa, Claudia Escobar, con quien tenía tres hijos.
La bailarina llegó con requisitos imposibles para cualquier vendedor normal: sin garantía y en cuotas. Lamela aceptó. Cuando Adabel se fue, tenía que ir a ensayar para las semifinales del Bailando. Martín se ofreció a llevarla. En el viaje, la conversación fue suficiente.
Del negocio al noviazgo, el camino fue rápido. Y aunque al principio el romance generó ruido mediático (la ex de Lamela salió a dar entrevistas diciendo que seguían casados) la pareja aguantó el chaparrón y construyó algo sólido.
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La familia ensamblada que funcionó de una manera que nadie esperaba
Lo que siguió fue una historia de familia moderna que en Argentina pocos se animarían a contar en televisión. Lamela tenía tres hijos con Claudia Escobar. Adabel se convirtió en madrastra. Y con el tiempo, la relación con la ex fue tan buena que durante la pandemia de 2020 decidieron convivir todos juntos: Adabel, Martín, sus hijos, y Claudia, que se había convertido en la niñera de Lola y en la mejor amiga de la bailarina.
Adabel lo contó en el Cantando 2020 con la naturalidad de quien describe algo completamente normal. La cara de sorpresa del estudio decía lo contrario. Karina La Princesita abrió la boca y murmuró “está loca”. Pero funcionaba. Y eso era lo que importaba.
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Lola llegó en 2018 y cambió todo, incluso lo que parecía imposible de cambiar
En 2018 nació Lola, la primera hija biológica de Adabel. Y esa llegada tuvo un efecto inesperado que fue mucho más allá de la familia Lamela.
Adabel tenía una historia de vida marcada por el abandono. Su madre luchó contra el alcoholismo y murió cuando ella tenía 17 años. Su padre, Eduardo, se fue a vivir a Estados Unidos cuando ella era pequeña y prácticamente desapareció de su vida durante décadas. El trauma del abandono la acompañó siempre.
Pero mirar a Lola cambió algo adentro suyo. Desde las redes, le escribió una carta pública a su padre: le pedía disculpas por haberlo maltratado escuchando solo la versión de su madre, y le decía que entendía el dolor de no haber estado. Eduardo respondió con un mail y su número de teléfono. Adabel lo llamó y le hizo una pregunta simple: “¿Querés conocer a Lola?” La respuesta de Eduardo fue: “Es lo que más quiero en el mundo”.
El reencuentro fue en el primer cumpleaños de la beba, después de casi 40 años de distancia. Eduardo llegó desde Estados Unidos, la abrazó fuerte, conoció a su nieta y se quedó. Lola fue el puente que ninguna terapia había podido construir.
La propuesta de casamiento, la pandemia y los años que parecían sólidos
En el cumpleaños de 40 de Adabel, Lamela la sorprendió con la pregunta. Ella dijo que sí, emocionada. La fecha del casamiento, sin embargo, nunca llegó a fijarse del todo: primero la pandemia, después el trabajo, después los proyectos de ella en teatro. Las idas y vueltas propias de una pareja larga.
Así fueron pasando los años. 17 en total. Con altibajos, con crisis que ellos mismos reconocían en entrevistas, pero con una base que parecía resistir.
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El vecino del country y el final que Lamela confirmó sin nombrar a nadie
En abril de 2026 empezaron a circular rumores. Pepe Ochoa los instaló en LAM: Adabel habría tenido un encuentro con un hombre del country donde vivía la familia. Martín se habría enterado. La crisis era real.
Adabel salió a desmentir. Dijo que eran idas y vueltas propias de una pareja larga, que siempre aparecen rumores en los momentos de tensión, que no había nada que confirmar. Lo hizo con la tranquilidad de quien quiere que el tema no escale.
Pero Lamela habló. Y lo hizo con la precisión de quien elige cada palabra. A través de un posteo en Instagram con una foto de él y su hija, escribió que llevaban más de 17 años juntos y que el desgaste acumulado más las decisiones recientes de Adabel “que él no comparte y que rompieron la confianza” los llevaron a separarse. Sin nombres. Sin detalles. Sin necesidad de aclararlo todo: el contexto ya estaba instalado.
Cerró con una sola prioridad: “Ella sigue siendo la mamá de Lola, que es lo único que me importa”. Y pidió que nadie amplifique información que pueda lastimar a su hija. Adabel no respondió públicamente. El silencio, en este caso, también habló.


