Christian Petersen atraviesa una nueva internación en el Hospital Alemán y su salud volvió a generar preocupación en el mundo gastronómico y televisivo. El nuevo cuadro apareció apenas cinco meses después del episodio más grave de su vida: la descompensación que sufrió durante una excursión al volcán Lanín, una experiencia que lo dejó casi un mes en terapia intensiva y que él mismo había reconstruido con una frase contundente: “Los hábitos me jugaron en contra”.
El chef había hablado varias veces de aquel momento límite. Según contó en una entrevista radial con Alfredo Leuco, no recuerda con claridad lo que ocurrió después de bajar del volcán. Su memoria vuelve recién al despertar en el Hospital Alemán, cuando ya habían pasado cerca de 30 días desde la emergencia.
La excursión al Lanín que terminó en una emergencia
El episodio ocurrió en diciembre de 2025, durante una travesía en el volcán Lanín, en Neuquén. Petersen había entrenado para la actividad y se sentía preparado físicamente, pero el contexto previo era mucho más complejo de lo que él mismo advirtió en ese momento.
El cocinero venía de un año muy duro: la muerte de un socio cercano, estrés laboral por la responsabilidad de una empresa con cientos de empleados y una intoxicación sufrida durante un viaje a Brasil. A ese desgaste se sumó la exigencia de la montaña. Según explicó después, esa combinación terminó desatando una arritmia.
“Los hábitos me jugaron en contra”: la autocrítica más dura
La frase tuvo peso porque no sonó a excusa, sino a balance. El referente gastronómico reconoció que quizás no escuchó las señales de su cuerpo y que su rutina de entrenamiento intenso, lejos de protegerlo, también pudo empujarlo al límite.
Después supo que tenía miocarditis, una inflamación cardíaca previa al ascenso. También contó que justo esa semana se le había roto el reloj con el que controlaba sus pulsaciones, algo que hoy lee como otra advertencia ignorada.
El momento en que pensó que podía morir
El relato más fuerte fue el de su descenso. Un guía lo vio alterado, pidió asistencia y una ambulancia detectó la arritmia. A partir de ahí, sus recuerdos se vuelven borrosos.
Petersen llegó a pensar que podía morir en el Lanín. Más tarde, ya recuperado, dijo que esperaba que sus hijos fueran felices si ese era su final. La frase dejó en claro la dimensión del episodio: no fue un susto deportivo, sino una crisis que lo puso frente a la posibilidad real de no volver.
Una recuperación lenta y una nueva alarma
Tras recibir el alta en enero, el chef comenzó una rehabilitación exigente. Perdió 18 kilos, tuvo temblores en las manos y reconoció que apenas estaba en una mínima parte de su capacidad física habitual. De a poco volvió a moverse, a remar y a cocinar.
Ahora, su nueva internación vuelve a encender las alarmas. Por el momento, no hay un parte médico oficial detallado sobre su evolución. Lo concreto es que el antecedente del Lanín volvió a tomar fuerza porque allí Petersen dejó una enseñanza clara: incluso quienes parecen fuertes, entrenados y activos pueden estar acumulando señales que el cuerpo no perdona.
La historia del chef ya no habla solo de una expedición fallida. Habla de estrés, hábitos, exigencia y de la importancia de frenar antes de que el cuerpo obligue a hacerlo.

