Buenos Aires, AR
temperature icon 12°C
Chisme
Chisme
Música

El Indio Solari dejó escrito su propio final: canciones, señales y coincidencias que rodearon su muerte

Por Gonzalo Lettieri
La muerte lo encontró vivo, la lluvia reunió a sus fieles y un Marshall encendido como el última guiño del mejor amigo de Patricio Rey.
Indio Solari

La muerte del Indio Solari quedó rodeada por imágenes que parecen haber salido de sus propias canciones: una partida silenciosa, una última fotografía entre árboles, un título convertido en clave numérica, una multitud caminando bajo la lluvia y un amplificador encendido dentro de su estudio.

No existe evidencia de que Carlos Alberto Solari haya predicho su muerte ni de que conociera el día exacto en que ocurriría. Sin embargo, durante años escribió y habló sobre el final con una precisión poética que, después de su partida, adquirió una dimensión estremecedora.

El Indio no anunció cómo iba a morir. Pero dejó palabras suficientes para que sus seguidores encontraran en su obra una forma de comprender lo que pasó.

La muerte silenciosa que había imaginado como una partida de póker

El músico murió durante la mañana del viernes 5 de junio de 2026 en su casa de Parque Leloir.

Fue encontrado desvanecido cerca del sector de la pileta climatizada que utilizaba para realizar ejercicios y aliviar las dificultades físicas provocadas por el Parkinson.

La autopsia determinó que sufrió un accidente cerebrovascular hemorrágico no traumático y que la muerte fue prácticamente inmediata. No hubo ahogamiento, intoxicación ni participación de terceros.

Años antes, en su libro Recuerdos que mienten un poco, había explicado que deseaba partir como Leonard Cohen: levantarse silenciosamente de una mesa de póker, dejar las cartas y permitir que los demás siguieran jugando.

No quería una agonía pública ni una despedida estruendosa. Imaginaba una salida austera, íntima y sin interrumpir la vida de quienes quedaban. La realidad terminó pareciéndose inquietantemente a aquella descripción.

“Que la muerte me encuentre vivo”: la frase que reflejó su última foto

El 4 de junio, apenas un día antes de morir, Gastón Daus tomó la última fotografía conocida del artista con vida.

El Indio aparece de pie, apoyado sobre un bastón, señalando hacia un lugar fuera de cámara y rodeado por el paisaje otoñal de Parque Leloir.

No luce postrado ni preparado para una despedida. Está erguido, atento y en movimiento.

La escena quedó inevitablemente conectada con otra frase escrita en sus memorias: solo aspiraba a que la muerte lo encontrara vivo.

Y así ocurrió. Horas antes del final todavía recorría el parque, compartía momentos con sus amigos y trabajaba en nuevas canciones.

El Marshall encendido: la música quedó sonando después de su muerte

Después del velatorio, la familia reveló uno de los detalles más conmovedores de sus últimas horas.

Dentro de Luzbola, el estudio instalado en su casa, encontraron encendido el equipo Marshall de su guitarra. También permanecía prendido el sistema de sonido con el que escuchaba las canciones en las que estaba trabajando.

Su entorno interpretó la escena como un último gesto deliberado: el Indio había dejado preparada la señal de que su obra debía continuar sonando después de su partida.

“Pensó en todo antes de irse”, expresaron desde su círculo íntimo al compartir el hallazgo.

El dato adquirió una enorme carga simbólica. El músico había muerto, pero la electricidad seguía recorriendo el amplificador. El estudio estaba vacío, aunque la posibilidad de una nueva canción todavía permanecía encendida.

La escena parecía confirmar una idea que había defendido durante décadas: el artista desaparece, pero la música deja de pertenecerle y continúa su camino en los demás.

“Flight 956” y la coincidencia que estremeció a los ricoteros

Una de las primeras teorías surgidas en redes estuvo vinculada con “Flight 956”, canción incluida en Porco Rex.

La noticia de su muerte comenzó a conocerse alrededor de las nueve de la mañana del día 5 del mes 6. Los seguidores ordenaron esos números como 9-5-6 y encontraron una coincidencia inmediata con el título.

El tema, además, habla de una partida, de la ausencia y de la dificultad de aceptar que alguien se aleja.

No existe ninguna prueba de que Solari hubiera codificado la fecha de su muerte. La composición fue publicada en 2007 y el propio músico la describió como una canción amorosa que había tenido más éxito del esperado.

Pero dentro de una obra caracterizada por las claves, los personajes y los dobles sentidos, la coincidencia resultó imposible de ignorar para sus seguidores.

La canción donde imaginó caminar solo por la muerte

En “Y mientras tanto el sol se muere”, el artista escribió sobre un hombre atravesado por múltiples vidas y por la certeza de que alguna de ellas terminaría destruyéndolo.

La composición también incluye una pregunta sobre cómo sería caminar solo a través de la muerte.

Tras su fallecimiento, esos versos fueron releídos como la reflexión de una persona consciente de la fragilidad del cuerpo. Durante una década, Solari convivió con el Parkinson y observó cómo la enfermedad reducía progresivamente su movilidad y lo alejaba de los escenarios.

No estaba anunciando un ACV ni describiendo Parque Leloir. Estaba poniendo en palabras algo más amplio: la sensación de que cada vida contiene también aquello que algún día puede terminarla.

“Empiezo por el final”: la canción donde admitió que el cuerpo ya no respondía

En “Encuentro con un ángel amateur”, publicada en 2021, el Indio abrió la letra desde el final y reconoció que ya no podía cumplir determinadas hazañas.

La canción apareció cuando el Parkinson había cambiado definitivamente su relación con los recitales. Ya no podía presentarse físicamente ante multitudes, aunque todavía escribía, grababa y acompañaba a Los Fundamentalistas mediante apariciones virtuales.

La pieza fue interpretada como una despedida mucho antes de su muerte. En realidad, no era una renuncia a la música. Era la confesión de que el cuerpo había dejado de acompañar al personaje que alguna vez había dominado estadios.

El Marshall encendido en Luzbola terminó completando aquella idea: el hombre ya no podía realizar hazañas, pero las canciones todavía podían seguir haciéndolas por él.

“La muerte y yo”: la conversación que atravesó toda su obra

La muerte no apareció repentinamente en los últimos meses del Indio.

En su primer disco solista publicó una canción titulada directamente “La muerte y yo”, donde hablaba desde la vejez, el desgaste y el temor a que la vida se prolongara acompañada por el dolor.

También convirtió el paso del tiempo, la fragilidad y la pérdida en temas permanentes de su obra.

En su última gran entrevista dijo que no sentía miedo y que pensaba la muerte en términos poéticos. La definió como algo imposible de abarcar completamente desde la experiencia humana.

No buscaba morir. Seguía trabajando y planeando canciones. Pero había dejado de fingir que el final era un asunto lejano.

La lluvia y las 70 cuadras: la última misa ricotera

El velatorio público se realizó el domingo 7 de junio en el Polideportivo José María Gatica de Villa Domínico.

Desde las primeras horas llegaron micros, autos y grupos de seguidores de distintos puntos del país. La fila comenzó con unas pocas cuadras y llegó a superar las 70 durante la tarde. Otras estimaciones la ubicaron cerca de las 80.

Miles de personas caminaron bajo una lluvia persistente llevando banderas, flores, remeras y ofrendas. Cantaron, lloraron y esperaron durante horas para pasar frente al féretro.

La despedida duró cerca de 20 horas y recreó involuntariamente el ritual de los antiguos recitales: peregrinación, mal clima, calles desbordadas y una comunidad unida alrededor de sus canciones.

La familia cerró la ceremonia con una frase que parecía salida del propio universo ricotero: la lluvia mandaba a todos a casa a seguir recordándolo como un ser humano infinito.

También habló de los “dolores dulces” que el músico había anticipado y pidió que la música no se detuviera.

El último recital ocurrió sin escenario

El Indio había imaginado una muerte silenciosa, pero su público respondió con una despedida multitudinaria.

Él se fue sin interrumpir el juego. Sus seguidores, en cambio, ocuparon decenas de cuadras para demostrar que aquella partida no podía pasar inadvertida.

La última misa ricotera no tuvo guitarras en vivo ni al Indio sobre el escenario. Tuvo lluvia, barro, banderas y canciones reproducidas desde teléfonos y parlantes.

Dentro de Parque Leloir, mientras tanto, el Marshall seguía encendido.

¿El Indio Solari predijo su propia muerte?

No hay pruebas de que haya conocido la fecha, el lugar o la causa de su fallecimiento.

“Flight 956” es una coincidencia numérica interpretada después del hecho. Sus canciones no describen literalmente el ACV ni la pileta. El amplificador encendido tampoco demuestra que supiera que estaba por morir.

Pero todas esas escenas dialogan con una obra obsesionada con las despedidas, el cuerpo, la muerte y la supervivencia de las canciones.

Quizás el Indio no predijo su final. Tal vez hizo algo más poderoso: dejó escritas las palabras, las imágenes y la música que su público necesitaría para atravesarlo.

La muerte lo encontró vivo. La lluvia acompañó la última peregrinación. Y cuando todos regresaron a sus casas, el equipo de su estudio seguía prendido, como si la música se negara a aceptar que todo había terminado.

Temas relacionados