La vida de Andrea Bursten dio un giro inesperado en 2013 cuando perdió a su esposo, Federico Ribero, tras luchar contra un cáncer de pleura agresivo. Con dos hijos pequeños de 8 y 11 años, la modelo se enfrentó a un dolor profundo y a un miedo constante por asumir sola la crianza y la economía familiar. En una entrevista reciente con Luli Fernández, Andrea recordó aquel difícil momento: «Sentí miedo. Quedé viuda a los 40 con dos hijos chicos y creí que no podría sola».
Durante los dos años de la enfermedad, la familia atravesó un intenso proceso médico entre quimioterapias y radioterapia, sin que los resultados fueran suficientes. Andrea destacó la dedicación de Federico por enfrentar su enfermedad: «Fede le puso todo y más para poder curarse pero lamentablemente no dependía de él». Tras su fallecimiento, decidió cambiar de residencia para poder «empezar de cero», un paso que le permitió mantener la mente ocupada y sobrellevar el duelo mientras aprendía a gestionar responsabilidades que antes no le tocaban, como inversiones y pagos del hogar.
Aunque han pasado 13 años, Andrea admite que la nostalgia aún aparece al pensar en los momentos que Federico se perdió junto a sus hijos. Sin embargo, ha aprendido a soltar esos recuerdos y seguir adelante: «En cada evento clave de la vida de mis hijos, lo imagino ahí. Pienso qué gestos haría o qué palabras diría. Después lo suelto y lo dejo ir otra vez».






