Con 81 años recién cumplidos, Marta González vuelve a subirse a un escenario mientras atraviesa una dura batalla contra el cáncer. Lejos de rendirse, la actriz presenta la obra “Negociemos… una historia de amor”, demostrando que la pasión por el arte y las ganas de vivir siguen intactas. Su testimonio, cargado de fuerza y humanidad, volvió a conmover al público con una frase que resume su espíritu: “Amé y me amaron mucho, solo pido vivir un poquito más”.
En diálogo con Pronto, a lo largo de una carrera que comenzó cuando tenía apenas tres años, Marta construyó una trayectoria marcada por el talento y la humildad. Su debut en la película “La cuna vacía”, donde interpretó un pequeño papel junto a Ángel Magaña, marcó el nacimiento de una vocación que no se detuvo jamás. “¿Por qué a mí no me dan?”, recordó entre risas sobre aquella escena que, sin querer, se transformó en su puerta de entrada al mundo de la actuación.
En su regreso al teatro, la actriz comparte escenario con Rodolfo Ranni y se muestra especialmente feliz por el proyecto. “Trabajar con un gran actor y con algo que a uno le hace crecer es una bendición”, expresó. La obra aborda el amor en la tercera edad, un tema que, según ella, sorprende a los más jóvenes y resignifica la idea de que el amor no tiene edad. Para Marta, el teatro funciona como un verdadero refugio emocional que la ayuda a sobrellevar el dolor físico.
Fiel a su estilo sincero, González enfrenta su enfermedad con una filosofía que inspira: “Yo no niego la enfermedad, pero no soy una enferma: soy un ser humano que tiene una enfermedad”. Con metástasis y múltiples cirugías a cuestas, eligió no detenerse ni entregarse al miedo. “No voy a esperar a la Parca acostada”, afirmó con convicción, dejando una lección de vida que trasciende el escenario y la pantalla: vivir con plenitud, aún en medio de la adversidad.


