Un nuevo y escabroso archivo de voz sacudió la investigación judicial por el robo de fármacos en el Hospital Italiano. La grabación filtrada aporta detalles macabros sobre las fiestas clandestinas, expone el uso de costosa tecnología hospitalaria para medir las dosis y relata minuto a minuto cómo la acompañante de Alejandro Zalazar huyó del departamento mientras el médico moría por sobredosis.
Sensores robados y una red de infidelidades: el origen del descontrol
El expediente por la muerte del anestesista Alejandro Zalazar sumó en las últimas horas una prueba extraoficial que hiela la sangre. Un audio de WhatsApp, viralizado rápidamente entre la comunidad médica y judicial, reconstruye con crudeza la dinámica interna de las autodenominadas “Propo Fest”.
La voz femenina de la grabación no solo describe el consumo desmedido, sino que traza un mapa de relaciones prohibidas dentro del centro de salud porteño. Según el relato, el esquema estaba liderado por un médico de mucha jerarquía (los investigadores apuntan a Hernán Boveri) que mantenía una relación extramatrimonial con una residente de segundo año o R2 (señalada como Delfina Lanusse), a quien describe como la principal impulsora del circuito de estupefacientes.
Para graficar el nivel de impunidad que manejaba el grupo, el audio detalla los sofisticados métodos que implementaban en los departamentos alquilados para drogarse:
- Monitoreo de alta complejidad: los implicados no solo sustraían el propofol, sino que robaban costosos sensores faciales del hospital para medir la droga en sangre en tiempo real y evitar “pasarse”.
- Infusión automatizada: el consumo se realizaba a través de bombas de infusión continuas (bombas BIC), el mismo equipamiento utilizado en las terapias intensivas.
“Estoy flasheando”: la huida, el cerrajero y el hallazgo del cadáver
A pesar del equipamiento médico de última generación robado para monitorear las fiestas, el control falló de la peor manera. El tramo final del audio relata la cruda secuencia de la muerte de Zalazar en su departamento de Palermo el pasado mes de febrero, agravando drásticamente la situación legal de los presentes por el delito de omisión de auxilio y abandono de persona.
Según la filtración, el anestesista se encontraba a solas con una mujer. Tras inyectarse la dosis de propofol, Zalazar comenzó a sufrir una severa cianosis, tornándose azul por la falta de oxígeno. Lejos de aplicar maniobras de reanimación o llamar a una ambulancia, la primera reacción de su acompañante fue escapar del lugar excusándose bajo la frase: “No, estoy flasheando”.
Horas más tarde, alertados por la misma joven, el resto del grupo acudió al domicilio. Al encontrar la puerta trabada desde adentro, tuvieron que contratar a un cerrajero de urgencia. “Cuando abren la puerta, el chabón estaba muerto”, remata crudamente el audio, confirmando que la víctima falleció en absoluta soledad mientras sus colegas huían de la escena para proteger el secreto de las “Propo Fest”.

