La muerte del joven anestesiólogo Alejandro Zalazar sacudió los cimientos del sistema médico y ahora, con la filtración de sus últimas horas de vida, el caso toma un tinte aún más oscuro y desolador.
Lo que en un principio parecía una tragedia íntima, hoy se cruza con una de las investigaciones más escandalosas de la medicina reciente: la ruta ilegal de medicamentos anestésicos y la causa Propo Fest.
Un departamento cerrado por dentro, una vía conectada al pie, mensajes cancelando planes a último momento y el macabro hallazgo que dejó a su entorno paralizado.

La noche final y el chat del adiós: “Me quedé dormidísimo”
A través de la revisión exhaustiva de las cámaras de seguridad y las pericias telefónicas, la Justicia logró reconstruir milímetro a milímetro cómo fueron las horas previas al fatídico desenlace del mendocino de 29 años, residente del Hospital Rivadavia.
Según información de Infobae, la noche del 19 de febrero parecía una jornada de rutina para Alejandro, pero la procesión iba por dentro. Los registros de WhatsApp con su mejor amigo, F.M.T., son la pieza clave que hoy estremece a todos:
- El plan truncado: habían acordado encontrarse a tomar algo y caminar. Tras volver del gimnasio a las 22:01 (como quedó registrado en las cámaras de su edificio en Palermo), Zalazar le escribió: “Dale, ¿me bancás que llego y me baño? ¿O es muy tarde?”.
- El mensaje del quiebre: poco después de ese primer contacto, el tono del anestesiólogo cambió drásticamente. «Uh, me quedé dormidísimo», escribió primero. Para luego rematar con una frase que, a la luz de los hechos, fue una desgarradora señal de alarma: “Perdón doc, me agarró el bajón, pero mal. Perdón, posta. Podemos algo mañana bien temprano”.
- La trampa del desamor: su amigo, quien confesó que Alejandro venía sufriendo por una reciente ruptura amorosa, reconoció que el mensaje le generó ruido, pero al ver que reprogramaba el encuentro para el día siguiente, se tranquilizó y no acudió al departamento. Un encuentro que, lamentablemente, jamás iba a concretarse.

El macabro hallazgo en Palermo: la vía en el pie y las alarmas encendidas
El viernes 20 de febrero, el silencio del médico se volvió ensordecedor. Zalazar, quien también prestaba servicios en el Hospital Gutiérrez y en la Fundación Favaloro, no se presentó a su turno laboral. Esta falta, totalmente atípica en él, detonó la desesperación de sus colegas y de su mejor amigo.
- La puerta que nadie abría: ante la falta de respuestas, F.M.T. corrió hasta el edificio de la calle Juncal al 4.600. Al no tener acceso, le suplicó al personal de seguridad que revisara el departamento de su amigo.
- La escena de terror: cuando lograron franquear la puerta, se encontraron con el peor de los escenarios. Alejandro yacía sin vida, vistiendo la misma ropa deportiva que usaba en el video de las cámaras de seguridad del día anterior.
- El detalle letal: el escenario de su muerte no dejó lugar a dudas sobre la metodología. El cuerpo presentaba una vía intravenosa conectada directamente a su pie derecho. A su lado, la policía científica incautó el kit del final: una jeringa, una ampolla y un frasco con restos que apuntan a fentanilo y propofol, cóctel mortal que le quitó la vida en absoluta soledad.

El fantasma de la Propofest: ¿Tragedia personal o ramificación de una mafia?
Si bien todo indica que el médico tomó la trágica decisión de quitarse la vida estando a solas en su domicilio, la Justicia no cierra ninguna puerta. El caso cayó en manos del fiscal Eduardo Cubría y encendió todas las alertas en los tribunales porteños por su inquietante coincidencia con otro megaescándalo.
- La ruta de las ampollas: paralelamente a esta muerte, los tribunales investigan una red de desvío sistemático de anestésicos de uso hospitalario estricto (como el propofol) originada presuntamente en el Hospital Italiano.
- Buscando los hilos sueltos: la gran incógnita que desvela a los investigadores es determinar cómo y de dónde obtuvo Zalazar el propofol y fentanilo hallados en su casa. El objetivo central es descubrir si su muerte es una historia aislada motivada por una fuerte depresión, o si existe un punto de contacto (directo o indirecto) con los imputados de la red clandestina que operaba con estas peligrosísimas sustancias.


