La gala de eliminación de Gran Hermano: Generación Dorada tuvo un condimento especial: esta vez no se trató de una placa común. La producción activó una placa especial llamada “placa planta”, una modalidad pensada para exponer a los participantes que, según sus compañeros y el público, aportan poco al juego o pasan desapercibidos en la casa.
Durante la semana, varios jugadores quedaron señalados bajo la categoría planta y la tensión creció a medida que se acercaba la gala. La consigna fue clara: el público debía votar en negativo para decidir quién abandonaba la casa.
En la noche del lunes, Santiago del Moro fue anunciando uno por uno a los salvados, lo que redujo la lista de nominados y aumentó el suspenso dentro de la casa. La primera en bajar de placa fue Cinzia, que apenas acumuló el 2,9% de votos negativos y celebró entre gritos y lágrimas. Luego llegó el turno de Zunino, quien también fue salvado con un bajo porcentaje y festejó con su grupo.
Después Nazareno recibió la noticia de que seguía en competencia y continuó el desfile de alivios con Eduardo, que respiró aliviado al escuchar su nombre. Finalmente, Martín también logró bajar de placa y se emocionó frente a sus compañeros.
Con cada anuncio, el clima en la casa se volvía más tenso. Los participantes entendían que, en esta gala, no solo se definía una eliminación: también quedaba marcado quién había sido considerado una “planta” por el público.
Además, el participante eliminado no tuvo la posibilidad de recorrer el clásico pasillo acompañado por el aplauso de sus compañeros ni de salir por la “puerta grande”. En cambio, debió abandonar la casa por la puerta roja y con su valija transportada en una carretilla, una puesta en escena simbólica que representaba que el jugador había sido considerado alguien que “no jugaba”.
Después de una noche cargada de suspenso, el público tomó la decisión final: el segundo eliminado de la temporada fue Tomás “Tomy” Riguera.
Así, su paso por la casa terminó marcado por esta nueva modalidad del reality, que dejó un mensaje claro para los que siguen en competencia: en esta edición, quedarse quieto puede salir muy caro.






