Griselda Siciliani protagonizó un tenso momento con la prensa al ser abordada para opinar sobre el reciente alta médica transitoria de su expareja, Luciano Castro. Fiel a su estilo reservado, pero evidenciando una clara molestia frente a las cámaras de Intrusos (América TV), la protagonista esquivó las preguntas, marcó un límite innegociable sobre su intimidad y dejó en claro que su foco está puesto exclusivamente en su carrera, cerrándole la puerta en la cara al escándalo mediático.
La dura reacción de Griselda Siciliani al ser consultada sobre la salud de Luciano Castro
Consciente de que la noticia de la salida de Castro de la clínica de rehabilitación iba a ponerla nuevamente en el centro de la escena, Siciliani adoptó una postura defensiva desde el primer segundo. Lejos de las declaraciones de apoyo o empatía pública, optó por el hermetismo total.
“Está todo bien; yo no hablo de nada, ni de intimidades ni de mi vida privada. Así que besos para todos y adiós”, disparó Griselda sin inmutarse.
Al notar que el móvil insistía en buscar una declaración sobre la salud del galán, la actriz no ocultó su fastidio y disparó: “¿Puedo irme? Muchas gracias por venir hasta acá, pero ya saben, no hablo de nada de eso”.
Refugio laboral: la estrategia para desviar el foco de atención
Consultada sobre cómo se encontraba anímicamente tras el torbellino mediático, Siciliani fue directa: “Sí, estamos filmando Felicidades. Ya tengo que irme”, remarcó. Además, aprovechó para deslizar que tiene otros contratos firmados que “todavía no se pueden decir, pero ya se van a anunciar en las plataformas”, haciendo referencia a la adaptación de la exitosa obra teatral que se encuentra rodando para Netflix bajo la dirección del español Álex de la Iglesia.
El contexto de una ruptura que terminó en la clínica
La frialdad en las declaraciones de la actriz tiene un trasfondo claro. Semanas atrás, Griselda Siciliani se vio envuelta involuntariamente en un escándalo mayúsculo cuando se filtraron audios privados que confirmaban que Luciano Castro le era infiel con una mujer europea.
Aunque en un principio ella intentó sostener a su pareja y manejar el problema puertas adentro, la presión pública, la aparición de pasacalles y la sobreexposición terminaron por quebrar el vínculo. Poco después de la separación definitiva, Castro ingresó por voluntad propia a un centro especializado para tratar sus desbordes emocionales, logrando recién ahora un alta ambulatoria que lo obliga a continuar su terapia desde su casa.





