A menos de 48 horas de haber ingresado a Gran Hermano Generación Dorada, Kennys Palacios atravesó un momento de profunda angustia que sorprendió a sus compañeros. El peluquero y amigo de Wanda Nara se mostró vulnerable, rompió en llanto y llegó a poner en duda su decisión de sumarse al reality.
La mañana del 26 de febrero comenzó cuesta arriba para él. Sentado en los sillones del jardín, se largó a llorar desconsoladamente. Andrea del Boca, que se encontraba cerca, se acercó de inmediato para contenerlo y escuchar qué le estaba pasando. “Me levanté para atrás. Me levanté preguntándome qué hago acá. No sé si está bien”, expresó entre lágrimas. “Claro que está bien”, intentó tranquilizarlo la actriz.
Al profundizar sobre el origen de su malestar, Kennys explicó que se había despertado “medio bajón”, pensando demasiado. Andrea, empática y recordando que ella también lloró en sus primeras horas dentro de la casa, le dedicó palabras de aliento: le dijo que había entrado para divertirse, para mostrarse tal cual es y para que el público lo conozca por sí mismo, más allá de su rol profesional.
Fue entonces cuando el participante reveló qué lo estaba afectando. “Eso me pesa también. Trato de demostrar que soy más que eso”, confesó. Y agregó: “Estoy re feliz de estar acá, de no haber salido nominado, pero no sé… hay algo que me angustia. Necesito saber de mi mamá también”.
El clima sensible dentro de la casa se da en un contexto particular. El reciente fallecimiento del padre de Daniela de Lucía, quien debió abandonar el juego para despedirlo, impactó en el ánimo del grupo y removió miedos en varios participantes que tienen a sus padres mayores y sienten con más fuerza el peso de la distancia.






