Mario Pergolini volvió a usar el monólogo de Otro día perdido para mezclar humor, actualidad y una mirada filosa sobre la política argentina. Esta vez, el foco estuvo puesto en la asunción de Diego Santilli como jefe de Gabinete y en la presencia de Manuel Adorni durante el acto.
El conductor no dejó pasar la escena y lanzó una frase que rápidamente quedó instalada: “Ya está, te pegaron una patada”.
La jura de Santilli que abrió el comentario de Pergolini
El momento político que disparó el análisis fue la jura de Diego Santilli como jefe de Gabinete. Pergolini repasó el acto con su tono habitual, entre la ironía y la observación televisiva.
El conductor destacó la presencia de gobernadores, dirigentes del PRO, funcionarios del oficialismo y familiares en el Salón Blanco de la Casa Rosada.
La frase contra Adorni que hizo ruido
El tramo más fuerte llegó cuando Pergolini puso la mirada sobre Manuel Adorni, quien estuvo presente en la ceremonia en la que Santilli asumió el cargo que hasta entonces ocupaba él.
“¿Cómo se queda el que se va?”, planteó el conductor. Luego remató con una frase mucho más directa: “Ya está, te pegaron una patada. No te quedás ahí viendo cómo te reemplazan. Es rarísimo”.
Por qué la presencia de Adorni generó incomodidad
Para Pergolini, la imagen de Adorni acompañando el acto de su reemplazo tuvo algo incómodo. No lo analizó desde lo institucional, sino desde una lógica más humana y televisiva: la escena de alguien presenciando públicamente el momento en el que otro ocupa su lugar.
Ese contraste fue lo que el conductor convirtió en humor político.
La chicana sobre los gobernadores y el Salón Blanco
El monólogo también dejó otra ironía. Al mencionar que hubo trece gobernadores presentes, Pergolini deslizó: “Mirá cómo necesitan plata estos tipos”, en referencia al vínculo entre los mandatarios provinciales y el Gobierno nacional.
Además, bromeó con que la convocatoria fue tan grande que no alcanzaron las sillas en el salón.
Un monólogo entre humor, política y lectura de poder
La intervención de Pergolini funcionó porque condensó en una frase una escena política incómoda: un funcionario saliente, un reemplazante jurando y una foto pública difícil de disimular.
Con su estilo, el conductor convirtió un acto institucional en una postal de poder, reemplazo y exposición.

