En medio de la histórica y vertiginosa cobertura desde Cabo Cañaveral por el lanzamiento de la misión lunar Artemis II, Nelson Castro protagonizó una escena de absoluta vulnerabilidad.
El experimentado periodista no pudo contener las lágrimas al entablar una comunicación sorpresa y en vivo con la legendaria Mónica Cahen D’Anvers, trazando un puente emocional de más de medio siglo de distancia entre dos hitos espaciales gigantescos.
El puente espacial: de la hazaña del Apolo 11 a la nueva era lunar
Para entender la magnitud del llanto de Nelson Castro hay que comprender el peso histórico que tiene la figura de Mónica Cahen D’Anvers para la televisión argentina y, específicamente, para la cobertura aeroespacial.
En 1969, una jovencísima Mónica se convirtió en los ojos y los oídos de la Argentina al viajar a Estados Unidos para cubrir, desde primera línea, el histórico despegue del Apolo 11 que llevó al hombre a la Luna por primera vez.
Hoy, en pleno abril de 2026, la historia vuelve a repetirse con la misión Artemis II de la NASA (el primer viaje tripulado a la órbita lunar en más de 50 años). Esta vez, el encargado de relatar la hazaña desde la base de la costa atlántica de Florida es Nelson Castro, el actual referente de Telenoche.
Sin que el corresponsal lo supiera de antemano, la producción del noticiero logró conectar en vivo a Nelson con Mónica (quien a sus 91 años sigue siendo una espectadora de lujo del mundo), logrando que ambos referentes cruzaran anécdotas en el aire.
“No puedo hablar”: las lágrimas y la admiración de un colega
Acostumbrados a ver a un Nelson Castro analítico, médico y de postura firme en zonas de guerra o catástrofes, el público se sorprendió al ver cómo el escudo del periodista se desmoronaba ante la voz de la histórica conductora.
Apenas Mónica lo saludó y lo felicitó por el enorme trabajo que estaba realizando desde Cabo Cañaveral, a Nelson se le cortó la voz. “Mónica… es un honor inmenso estar pisando el mismo suelo que vos pisaste en 1969”, alcanzó a decir antes de romper en llanto, obligando a hacer un silencio respetuoso en el estudio.
Lejos de incomodarse, Cahen D’Anvers tomó las riendas de la nota con la maestría que la caracteriza. Lo tranquilizó, le recordó que las grandes coberturas se hacen “con el corazón en la mano” y bromeó sobre lo diferente que es la tecnología que él tiene hoy en la NASA comparada con los limitados recursos de los años sesenta.
Ya más repuesto, Castro confesó que su emoción no solo tenía que ver con el impacto de presenciar un lanzamiento de tamaña magnitud, sino con la enorme “responsabilidad” de llevar en sus hombros la marca de Telenoche en un evento espacial, sabiendo que la vara había quedado altísima desde la época de Mónica y César Mascetti.

