Antes del escándalo, todo parecía salirle bien a Luzu. El Mundial 2026 era la gran apuesta de Nico Occhiato: programas desde Miami, influencers recorriendo Estados Unidos, sponsors acompañando la cobertura y la promesa de vivir la Copa del Mundo como nunca. Pero alcanzó una fake news al aire para que ese relato perfecto empezara a desmoronarse. Desde entonces, el canal vive una crisis de imagen que, lejos de apagarse, sigue acumulando capítulos.
El 18 de junio, en pleno programa, Florencia Peña anunció la falsa muerte de Jorge Messi. La información era incorrecta, generó una conmoción innecesaria y terminó convirtiéndose en uno de los papelones mediáticos del año. La actriz pidió disculpas entre lágrimas desde el primer minuto y salió a dar la cara en cuanto programa pudo. Del otro lado, la reacción de Occhiato fue muy distinta.

El conductor y dueño de Luzu decidió desvincular a todos los responsables de El Show del Verano, publicó un duro descargo expresando su indignación y, al día siguiente, durante Nadie Dice Nada, evitó incluso mencionar a Florencia Peña. Para muchos, la sensación fue clara: mientras una lloraba en televisión intentando hacerse cargo, el otro optaba por despegarse del problema y soltarle la mano a quienes hasta unas horas antes formaban parte de su equipo.
Como si eso no hubiera sido suficiente, ahora apareció otro interrogante. El sueño mundialista también llegó a su fin. Según contó Fede Bongiorno en LAM, la cobertura de Luzu siempre estuvo prevista únicamente para la fase inicial del torneo. “Lo dijeron ellos”, aseguró el panelista, explicando que el partido de Argentina del sábado sería el último antes del regreso a Buenos Aires.
La explicación suena razonable. El problema es el contexto porque cuando una empresa atraviesa la mayor crisis de su historia reciente, con rumores sobre sponsors molestos, negociaciones económicas todavía abiertas con Florencia Peña y Marley y una catarata de críticas públicas, cualquier decisión empieza a leerse bajo otra lupa. Y ahí aparecieron las dudas. ¿De verdad el regreso estaba programado desde el principio o el escándalo terminó acelerando la vuelta? Difícil saberlo. Lo curioso es que la pregunta ni siquiera existiría si las últimas dos semanas hubieran transcurrido con normalidad.

En medio de esas versiones, Occhiato hizo algo poco habitual en él: salir a contestar rumores por redes sociales. A través de X escribió: “Nuestra cobertura del Mundial siempre estuvo planificada y comunicada hasta los dieciseisavos, después del partido de Argentina en Miami. La verdad es curioso todo lo que quisieron instalar: primero que nos iban a deportar, después que se nos habían caído las marcas y ahora que nos volvemos antes… Qué raro todo, che”.
Llama la atención verlo respondiendo uno por uno los comentarios cuando históricamente eligió mantenerse al margen de las polémicas. Tal vez sea cansancio. Tal vez fastidio. O quizás la necesidad de apagar un incendio que sigue creciendo cada día.
Porque tampoco ayudó el contexto en Estados Unidos. Antes del inicio del Mundial, las autoridades norteamericanas habían advertido que los influencers y creadores de contenido que ingresaran con visa de turista y generaran ingresos podrían enfrentar sanciones e incluso la deportación. Ese comunicado ya había puesto nerviosos a varios streamers argentinos instalados en Miami.

Y, para colmo, la cobertura tampoco terminó siendo el gran diferencial que muchos esperaban. Mientras la Selección seguía avanzando, buena parte de los programas continuaban haciendo prácticamente lo mismo que hacían en Buenos Aires: juegos, anécdotas internas y largos segmentos que poco tenían que ver con el fútbol. La Copa del Mundo aparecía más como escenografía que como protagonista.
Las redes sociales, como era de esperarse, no tuvieron piedad. “Mirá si no van a perder marcas con ese quilombo, dejá de mentir”; “A ver si no perdés más plata con el juicio de la kuka Peña”; “Mostrá dónde dijeron que la cobertura era hasta ahora”; “Les hacen un favor volviendo, porque la verdad es una reverenda mierda lo que hacen”, fueron apenas algunos de los mensajes que inundaron la publicación de Occhiato.

