El 31 de agosto de 2023, la muerte de Silvina Luna conmocionó al mundo del espectáculo. Detrás del dolor por su partida, tras una larga lucha por las secuelas de las intervenciones de Aníbal Lotocki, quedó una figura clave en su vida: su hermano Ezequiel Luna, su sostén incondicional hasta el último día.
Cinco años menor que la actriz, Ezequiel fue mucho más que un hermano. La relación entre ambos se construyó desde la infancia, entre juegos y complicidad, y se fortaleció con el paso del tiempo.

Una relación marcada por la pérdida y la unión
Pero hubo un punto de inflexión que marcó para siempre ese vínculo: en 2008, ambos perdieron a sus padres con pocos meses de diferencia. Sergio “El Negro” Luna falleció el 10 de marzo, a los 50 años, y Roxana murió de forma súbita el 19 de agosto. Esa doble pérdida los unió aún más.
Con el correr de los años, Ezequiel decidió dejar su vida en Rosario para instalarse en Buenos Aires y acompañar a su hermana en uno de los momentos más difíciles de su salud: “Con mi hermano somos súper cercanos, súper amigos y compañeros. Siempre fuimos muy unidos. Yo tuve mucha protección sobre él desde muy chico y, obviamente, cuando pasó lo que pasó se vino a vivir acá y estamos todo el día hablando y nos vemos casi todos los días”, había contado Silvina en una entrevista con Andy Kusnetzoff en PH Podemos Hablar.

Incondicional hasta el final: el ofrecimiento más difícil
Durante las largas internaciones y tratamientos, Ezequiel estuvo siempre presente. Incluso, llegó a ofrecerse como donante de riñón cuando la actriz evaluaba esa posibilidad. “Familiares míos se ofrecieron a donarme un riñón. Todavía falta y no me quiero adelantar. Primero tengo que estar en la lista del Incucai”, explicó Silvina en diálogo con Catalina Dugli, y agregó: “Una de las personas que se ofreció fue mi hermano, pero a mí todavía me da cosa hablarlo. Yo sé que él está ahí, pero todo depende de muchas cosas y quiero ir paso a paso”.
La preocupación de la actriz por el futuro de su hermano también fue una constante en sus últimos días. “Ezequiel era la gran preocupación de Silvina, porque siempre le decía a sus amigas: ‘estén con Ezequiel, porque Ezequiel se queda solo’”, revelaron en el programa Secretos Verdaderos, conducido por Luis Ventura. Ese pedido, cargado de angustia y amor, reflejaba el profundo lazo que los unía.

La herencia en vida: qué bienes le dejó a Ezequiel
Consciente de la gravedad de su estado de salud, Silvina también tomó decisiones importantes para protegerlo. Según trascendió, dejó sus bienes a nombre de Ezequiel para evitarle trámites burocráticos.
“Todos sus bienes, ella tenía dos o tres propiedades, en vida los tiene donados a su hermano Ezequiel”, contó la periodista Paula Varela en Socios del Espectáculo. La intención era clara: que su único familiar directo no tuviera que atravesar gestiones complejas en medio del duelo.
Entre esos bienes se encontraba su departamento en Puerto Madero, un espacio que reflejaba su estilo de vida: un living con biblioteca de estilo industrial repleta de libros de espiritualidad y yoga, muebles de madera, decoración minimalista y tonos claros que transmitían calma. La cocina, moderna, contaba con una isla central de granito oscuro, electrodomésticos de última tecnología y una barra con banquetas altas.
El legado: el documental que busca generar conciencia
Pero más allá de lo material, Ezequiel heredó una misión. Antes de morir, Silvina tenía un deseo profundo: contar su historia en primera persona para generar conciencia. Ese anhelo hoy empieza a tomar forma en el documental Perfecta: La voz de Silvina Luna.
“Ella se empezó a grabar con su celular cuando iba al hospital, cuando tenía que hacer diálisis”, cuenta Ezequiel en el tráiler. Las imágenes, registradas en momentos de extrema vulnerabilidad, buscan mostrar sin filtros el camino que atravesó. “Ella quería hacer un documental acerca de todo el camino que tuvo que transitar porque quería dejar un mensaje, que tomemos lo que a ella le pasó como un ejemplo para que no pasen más estas cosas”, explica su amiga Bárbara Cobelo.

Hoy, lejos de los flashes, Ezequiel Luna continúa honrando ese legado. Su historia no es solo la del hermano de una figura pública, sino la de alguien que eligió estar, sostener y acompañar hasta el final. Y que ahora, en medio del dolor, carga con la tarea más difícil: mantener viva la voz de su hermana.
Horas después de que Netflix difundiera las primeras imágenes del documental, este medio intentó comunicarse con Ezequiel, pero no hubo respuesta. Y es que, incluso cuando Silvina Luna estaba con vida, él se mantenía alejado de los medios: siempre fue un hombre de perfil bajo, que eligió acompañar desde las sombras, pero muy cerca de su hermana. Tras su muerte, nada cambió. Ezequiel Luna sigue sin hablar con periodistas, fiel a una forma de estar presente que no necesita exposición.


