La muerte de Ramiro Agulla, ocurrida este jueves 9 de julio de 2026 después de que su estado de salud se agravara por una neumonía, volvió a poner bajo la lupa una de las etapas más fascinantes de su carrera: su desembarco en la política y su papel en la histórica campaña que llevó a Fernando de la Rúa a la Presidencia en 1999.
Su figura quedó envuelta durante años en una poderosa leyenda: la del publicista capaz de fabricar un presidente y luego instalarse en las cercanías del poder.
La realidad es más compleja. Agulla fue una pieza decisiva en un equipo que revolucionó la comunicación electoral argentina, pero no fue el único arquitecto de la victoria ni se convirtió en un funcionario tradicional del Gobierno.
Mito: Ramiro Agulla convirtió solo a De la Rúa en presidente
La campaña de 1999 quedó inevitablemente asociada a Agulla, pero reducir la victoria a una sola persona es una simplificación.
La construcción comunicacional tuvo varios protagonistas y nació de un proceso en el que participaron figuras del entorno del candidato, entre ellas Antonio de la Rúa, además de otros profesionales de la comunicación política. Crónicas de la época reconstruyeron incluso reuniones previas en las que el entorno comenzó a diseñar una identidad más definida para una campaña que todavía buscaba su tono.
También existía un contexto político favorable a la oposición. De la Rúa encabezaba una alianza electoral competitiva frente a un ciclo menemista desgastado y finalmente obtuvo el 48,5% de los votos contra el 38% de la fórmula encabezada por Eduardo Duhalde.
Agulla fue decisivo, pero no hizo magia en el vacío.
Verdad: “Dicen que soy aburrido” cambió las reglas de las campañas políticas
El gran hallazgo creativo fue transformar una debilidad en una fortaleza.
De la Rúa era presentado por sus adversarios como un dirigente gris y aburrido. La campaña tomó ese ataque, lo hizo explícito y lo convirtió en una promesa de sobriedad frente a los excesos, el espectáculo y los escándalos asociados al final de los años menemistas.
El concepto rompió con una lógica tradicional: en lugar de esconder el principal defecto atribuido al candidato, lo puso en primer plano.
Ese movimiento hizo de “Dicen que soy aburrido” una de las piezas más recordadas de la comunicación política argentina y marcó un antes y un después en la forma de construir la personalidad de un candidato.
Mito: Agulla llegó al Gobierno y tomó decisiones políticas
Después del triunfo electoral, el creativo permaneció vinculado a la comunicación presidencial. Sin embargo, la idea de que se convirtió en una especie de ministro sin cartera o cerebro político del Gobierno necesita matices.
Agulla actuó como asesor presidencial en materia de comunicación, una posición que posteriormente abandonó. La prensa especializada de la época registró su renuncia a esa asesoría y abrió interrogantes sobre cómo continuaría la comunicación del Gobierno sin una de las figuras centrales de la campaña.
Por lo tanto, es verdad que estuvo cerca del poder. Pero resulta exagerado atribuirle responsabilidad sobre las decisiones económicas, institucionales y políticas que marcaron la crisis posterior.
Verdad: la campaña fue mucho más exitosa que el Gobierno
Esta es, probablemente, la gran paradoja que dejó aquella experiencia.
La comunicación de 1999 logró construir una promesa poderosa: sobriedad, estabilidad, honestidad y fin de los excesos. Pero muchas de las promesas y símbolos de campaña terminaron chocando con una gestión atravesada por una profunda crisis económica y política que estalló en 2001.
La propia reconstrucción histórica sobre De la Rúa señala cómo aquella campaña comunicacional terminó convirtiéndose en un búmeran cuando el Gobierno quedó atrapado por sus propias promesas y por una realidad económica cada vez más crítica.
El problema ya no era publicitario. Una buena campaña podía ganar una elección, pero no podía reemplazar la capacidad de gobernar.
La muerte de un creativo que entendió la política como una batalla de relatos
Ramiro Agulla nunca quedó limitado al mundo político. Junto a Carlos Baccetti formó una de las duplas creativas más influyentes de la publicidad argentina, con una obra que trascendió el mercado local y dejó una fuerte influencia en la industria iberoamericana.
Pero la campaña de 1999 ocupa un lugar diferente en su historia.
Allí demostró que una elección podía narrarse como una gran campaña de marca, que una debilidad podía convertirse en identidad y que una frase era capaz de condensar el clima de una época.
El mito asegura que Ramiro Agulla fabricó un presidente. La verdad es más interesante: ayudó a construir el relato que interpretó el deseo de cambio de millones de argentinos y cambió para siempre la manera de comunicar una campaña electoral.

