La partida física de Oscar González Oro dejó al descubierto la conmovedora intimidad de sus horas finales en Uruguay. Antes de morir en su residencia de Punta del Este, el emblemático locutor les hizo un pedido desgarrador a sus afectos más cercanos: no ser visitado durante su deterioro físico para preservar su imagen. El conductor, que durante décadas fue el rey indiscutido de las mañanas radiales, eligió transitar el ocaso de su salud bajo un estricto aislamiento personal.
El deseo del periodista mendocino buscaba evitar que sus seres queridos y colegas guardaran un recuerdo de él marcado por la fragilidad. Acostumbrado a ser una figura arrolladora, enérgica y llena de vitalidad frente al micrófono, González Oro no toleraba la idea de mostrarse vencido ante la mirada ajena ni exhibir las secuelas corporales que lo aquejaban.
“No me vean así, guarden otra imagen”: el desgarrador pedido a su círculo íntimo
El testimonio de su amigo entrañable Daniel Hadad confirmó la contundencia de aquella última voluntad. En declaraciones públicas, el empresario de medios relató cómo el comunicador les ponía un freno a sus intenciones de acercarse a asistirlo: “Ya a los amigos no quería vernos, decía: ‘No me vean así, guarden otra imagen’. A veces le hacíamos caso, a veces no. La verdad que fue feo al final”.
El cuadro clínico del animador, agravado por diabetes y severas dificultades motrices que le provocaban caídas constantes, había minado su autonomía. Sin embargo, su orgullo se mantuvo inquebrantable hasta el desenlace: el propio locutor había evitado traslados y viajes para ver a sus hijos, remarcando su rechazo a ser visto en silla de ruedas o en situación de dependencia.
Un pacto de silencio y orgullo para sellar su despedida
Con este mandato de despedida, el Negro Oro prefirió despedirse del mundo terrenal sosteniendo el recuerdo de su época de gloria. El hombre que acompañó a millones de argentinos eligió blindar su intimidad y apagarse en soledad, resguardando la estampa del showman imbatible que transformó la historia del éter nacional.





