Hubo momentos en la televisión argentina que parecieron sacados de un guion delirante, pero que ocurrieron realmente, en vivo y ante millones de espectadores. Uno de los más recordados ocurrió en 2009, cuando Ricardo Fort decidió irrumpir en el estudio de Showmatch montado en un caballo blanco, como si fuera una mezcla de emperador romano y estrella de Hollywood. La escena quedó grabada para siempre en la memoria colectiva de la TV local.
La aparición fue tan extravagante como el personaje que la protagonizaba. En pleno auge mediático de su figura, Fort convirtió una simple previa televisiva en un espectáculo fiel a su estilo: lujo, exceso, provocación y una necesidad constante de sorprender.
No era un participante más. Cada una de sus apariciones estaba pensada como una verdadera performance. Llegaba con guardaespaldas, autos de lujo o rodeado de su séquito, mientras hablaba de sus viajes a Miami, cirugías, romances y su vida llena de excentricidades. El público, entre fascinado y desconcertado, no podía dejar de mirarlo.
Aquella noche, Virginia Gallardo tenía que salir a bailar, pero antes “El Comandante” había preparado un show especial para reconquistarla… y, de paso, conquistar también a los televidentes. Marcelo Tinelli esperaba con expectativa el momento de la presentación de la actual diputada, aunque antes Fort tenía guardada una sorpresa.
El conductor intentó distraer a Gallardo para que no advirtiera el despliegue que se estaba organizando detrás de escena. Y en cuestión de segundos ocurrió lo impensado: Ricardo Fort apareció montado en un caballo blanco, vestido de mariachi.
Fiel a su estilo, y haciendo lo que más le gustaba —cantar—, el empresario interpretó un tema rodeado de mariachis y le recordó a Gallardo cuánto la amaba y su intención de comprometerse con ella.
En medio de la escena, Fort tomó una flor del cabello de una bailarina, se acercó a Gallardo, se la entregó y, mirándola a los ojos, le cantó: “Te quiero. Lo digo como un lamento, como un quejido que el viento se lleva por donde quiera”.
Con el paso de los años, aquel momento quedó convertido en una postal inolvidable de la televisión argentina. La entrada de Ricardo Fort a caballo no fue solo una excentricidad más, sino la prueba de un estilo de espectáculo desmesurado que marcó una época. Hoy, el video sigue circulando en redes y compilados televisivos, recordando que Fort entendía como pocos el show: si iba a aparecer en pantalla, tenía que ser a lo grande. Y esa noche lo hizo de la manera más fiel a su personaje, transformando una simple previa de baile en un momento que todavía se sigue comentando.





