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El secreto jamás contado de “Tres empanadas”: la verdad oculta de la escena de Luis Brandoni que engañó al país

Por Redacción Chisme
Una de las frases cinematrográficas más recordadas de su vida guarda un secreto que se reveló sin filtro.

La muerte de Luis Brandoni dejó a la cultura nacional huérfana de uno de sus talentos más inmensos, pero su legado cinematográfico es absolutamente imborrable. Si hay un momento que define la argentinidad al palo es la icónica escena de las “tres empanadas” en Esperando la carroza.

Sin embargo, detrás de las carcajadas y los memes que trascendieron generaciones, se esconde una anécdota brutal que el propio actor se encargó de desmitificar en televisión. Lejos de ser un momento de humor espontáneo, la grabación de esta secuencia escondía una oscuridad y un nivel de cinismo que engañó por completo al país.

El mito de la improvisación de Luis Brandoni y un rodaje donde “nadie se rio”

Durante décadas, el imaginario popular y los fanáticos del cine nacional sostuvieron la teoría de que la escena en la que Antonio Musicardi baja las escaleras del monoblock en Villa Lugano masticando, había sido producto de la genialidad e impronta personal de Brandoni. Pero la verdad es otra.

En enero de 2024, durante su paso por el programa Almorzando con Juana, el actor destruyó el mito frente al asombro del humorista Martín “Campi” Campilongo:

  • El guion intocable: la escena no tuvo ni un gramo de improvisación. La frase fue escrita milimétricamente por el autor Jacobo Langsner.
  • Tensión en el set: lo verdaderamente impactante es que, al momento de filmarla, el clima estuvo muy lejos de ser una comedia. Estaba escrito, sí. Y no le causó gracia a nadie cuando lo hicimos. Fue una cosa tremenda”, confesó Brandoni, dejando en claro que el equipo técnico y los actores vivieron ese diálogo como un drama asfixiante y no como un chiste.

La miseria humana al desnudo: el “canalla” definitivo

Para entender por qué nadie se rio en el set, hay que analizar la brutalidad del personaje. Antonio representaba lo peor de la hipocresía social, y Brandoni lo sabía mejor que nadie.

“El tipo dice ‘tres empanadas que sobraron del día anterior, qué tristeza’, y se estaba comiendo una. No se puede ser más canalla que eso”, reflexionaba el actor al desmenuzar su propio papel. El cinismo de quejarse de la miseria ajena mientras le robaba a su familia la única comida que tenían para subsistir, era una crítica social tan cruda que, paradójicamente, los argentinos terminaron transformándola en un estandarte del humor negro nacional.

El cine de Boedo y el momento exacto en el que descubrió la fama

La confirmación de que esa escena en particular había roto la cuarta pared le llegó a Brandoni de la forma más insólita. Tiempo después del estreno, el actor y su compañera de elenco, Betiana Blum (Nora), pasaron por la puerta de un cine en el barrio porteño de Boedo y pidieron permiso para entrar a ver el final de la película.

Mientras caminaba por el pasillo a oscuras hacia la sala, escuchó a los acomodadores hablando entre ellos. Uno de los empleados, sin saber que el propio Antonio Musicardi caminaba a sus espaldas, soltó de la nada la palabra mágica: “Empanadas”. Ese fue el instante exacto en el que Beto comprendió que la miseria de su personaje ya no le pertenecía, sino que había pasado a ser propiedad eterna del vocabulario argentino.

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