El brutal femicidio de Agostina Vega, la adolescente de 14 años asesinada en la provincia de Córdoba, sigue sumando aristas de profundo dolor y desesperación. Mientras la fiscalía avanza en la recolección de pruebas técnicas contra el único detenido, la atención social y mediática se posó sobre el devastador presente que atraviesa el entorno íntimo de la menor. En las últimas horas, se confirmó que Melisa Heredia, la madre de la víctima, permanece internada en un estado de salud sumamente delicado y crítico, completamente sobrepasada por la tragedia.
La alarmante situación fue visibilizada por Elizabeth, abuela de Agostina, en el marco de las multitudinarias movilizaciones por el Ni Una Menos que se replicaron en todo el territorio nacional. En diálogo directo con las cámaras de C5N, la mujer rompió el llanto al describir el calvario físico y psicológico que padece su hija desde que se notificó el hallazgo del cuerpo. “Hoy hacen una carnicería con mi pobre hija, que también es víctima. Por eso estamos nosotros acá”, exclamó con indignación ante el tratamiento mediático de la causa, confirmando además el cuadro de postración absoluto en el que se encuentra la mamá de la adolescente: “Mi hija no se puede levantar de una cama, está dopada por la desaparición y la muerte de su hija porque no lo puede aceptar”.

El impactante hallazgo de la abuela en el cuarto de Agostina: “Encontré su última voluntad”
Más allá del desgarrador panorama médico de Melisa, la jornada de protestas colectivas se transformó en el escenario de una revelación judicial que podría dar un vuelco drástico en la investigación penal. Ante la sorpresa de los cronistas apostados en la marcha, Elizabeth anunció de manera pública que logró rescatar un elemento de un valor probatorio incalculable del interior del dormitorio que ocupaba la joven en Córdoba.
Una pieza clave para la fiscalía: “Nosotros lo que aportamos fue la última voluntad de mi nieta”, detalló la abuela visiblemente movilizada por la situación. Según su propio relato, el hallazgo se produjo de forma fortuita durante las primeras horas de la mañana: “Encontré su última voluntad en una cartita que ella tenía en un cajoncito de su ropa interior”.
El manuscrito fue entregado de manera inmediata a las autoridades policiales para que sea sometido a rigurosos peritajes caligráficos y de contenido, buscando determinar si la menor sufría amenazas previas o si dejó indicios sobre el comportamiento del imputado. Al ser consultada sobre las frases exactas plasmadas en el papel, Elizabeth optó por el hermetismo absoluto para preservar el secreto de sumario: “Prefiero en este momento no decirlo”, concluyó a flor de piel.

