Un verdadero escándalo inmobiliario y vecinal sacude por estas horas las coquetas calles del barrio porteño de Belgrano. La periodista Fernanda Iglesias sacó a la luz una explosiva interna que tiene como protagonistas principales a la panelista Analía Franchín y a su esposo, el empresario Sebastián Eskenazi. Según las pruebas documentales que se filtraron de manera virtual, la pareja se encuentra en plena ejecución de una imponente mansión que despertó la furia absoluta de los propietarios linderos, quienes decidieron acudir en masa a los tribunales para frenar las obras tras registrar serios daños edilicios en el pulmón de manzana.
La megaconstrucción busca fusionar una propiedad ubicada sobre la calle Malasia al 850 con un nuevo terreno adquirido sobre la paralela Once de Septiembre de 1888 al 839. Sin embargo, los problemas logísticos no tardaron en aparecer. De acuerdo a la «Denuncia de daño temido y medidas de seguridad» presentada ante la Justicia por el Consorcio de Copropietarios de Maure 2175 —un edificio lindero que comparte el fondo del lote—, las excavaciones y los agresivos movimientos de tierra provocaron la inundación de un importante espacio común de la torre afectada. Al intentar buscar soluciones lógicas con los responsables del proyecto, los denunciantes aseguraron que todo diálogo fue completamente inútil y que los reclamos por reparaciones jamás recibieron atención.
😳 La periodista @ferigleok reveló ayer que Analía Franchín y su marido están construyendo una mansión en el barrio de Belgrano, estilo castillo medieval 🧐 Los vecinos pusieron el grito en el cielo y los denunciaron 🏠 #Chisme 👀 pic.twitter.com/a9escedn2p
— Chisme (@somoschisme) May 31, 2026
Un «palacio amurallado» para evitar el contacto con el mundo exterior y temor a derrumbes
El escándalo escaló a ribetes insólitos al conocerse las drásticas decisiones estéticas y de privacidad que la exparticipante de MasterChef Celebrity pretende plasmar en la polémica edificación. Según reza el escrito judicial, Analía Franchín habría cortado de manera tajante cualquier canal de negociación bajo el argumento de que obtendrá todos los permisos necesarios para edificar un «palacio medieval amurallado». El objetivo de semejante fortaleza de hormigón sería meramente el de aislarse por completo de las miradas ajenas: “La Sra. Franchín teme ser vista por sus vecinos cuando pasee por su jardín, y para ello elevará la medianera hasta el infinito, sin importar el aire y la luz del vecino”, expresa la dura demanda.
El principal foco de pánico de las siete familias afectadas radica en el inminente peligro de un colapso estructural. En el expediente se advierte sobre el daño físico y los riesgos materiales que causaría un eventual derrumbe de una pared de 30 centímetros de espesor construida a una altura muy por encima de lo permitido por el código urbano, careciendo por completo de apoyaturas estables. El documento cierra con un durísimo descargo político y social que promete encender los debates en los paneles de espectáculos: “Es necesario que la Justicia frene a quienes no se autolimitan, a quienes desprecian al vecino y creen ser los dueños de la Argentina”.

