Gerardo Romano y Mario Pergolini protagonizaron uno de los momentos más íntimos y desgarradores de los últimos tiempos. En un mano a mano sin filtros ni eufemismos, el histórico y polémico actor decidió romper el tabú sobre su salud y confesó el pánico que sintió al recibir su diagnóstico neurológico, revelando además la estricta rutina de supervivencia que lo mantiene de pie y alejado del retiro.
El terror a la muerte y el “radar” para los temblores
En medio de una profunda entrevista para el ciclo Otro día perdido, Pergolini fue al hueso con cautela y le consultó si estaba dispuesto a hablar públicamente sobre su cuadro clínico. Lejos de esquivar la pregunta o de encerrarse en el victimismo, Romano fue contundente y aseguró que exponer su situación es necesario: “Creo que cumplo un servicio si hablamos del tema porque hay mucha gente que la pasa como el orto, que oculta la enfermedad”.
Al recordar el instante exacto en el que recibió la peor noticia por parte de sus médicos, el actor dejó de lado las posturas armadas y le confesó a Mario su mayor debilidad:
- El miedo puro: frente a la pregunta directa del conductor sobre qué le pasó por la cabeza en ese momento, el actor fue brutalmente sincero: “Me asusté”.
- La razón de su angustia: cuando le repreguntaron el motivo de ese pánico, desató las risas en el estudio con una frase fiel a su estilo: “Morirme, está tan buena la fiesta”.
- Un radar personal: además, reveló que convivir con el cuadro le otorgó una sensibilidad especial, afirmando que hoy desarrolló “una percepción del temblor” que le permite detectar a otras personas con la enfermedad con solo observar un mínimo detalle en sus movimientos.
Gerardo Romano se abrió como nunca.
En una charla íntima con Mario, habló de su día a día conviviendo con el Parkinson, sin filtros y con una sinceridad que emociona.#otrodíaperdido pic.twitter.com/B2cPctcZVE
— OTRO DÍA PERDIDO (@otrodiaperdidok) April 10, 2026
La función teatral que lo salvó y su entrenamiento militar
A pesar del letal golpazo anímico que implicó recibir el diagnóstico, Gerardo Romano explicó que no tuvo tiempo material para hundirse en la depresión. Paradójicamente, la enorme exigencia de su carrera actoral fue lo que lo rescató del pozo ese mismo día.
El actor reveló que, apenas horas después de enterarse, tenía la tremenda responsabilidad de subirse solo a un escenario durante más de una hora para cumplir con una función teatral. Ese compromiso ineludible lo obligó a tomar una postura drástica de cara a su futuro: “O dejo todo porque tengo Parkinson y me voy a morir, o no, y elegí no”.
Para combatir los cruentos dolores y los temblores propios de la enfermedad, Romano detalló la exigente rutina física y mental que se impuso para no ceder ante el deterioro:
- Natación intensa: para mantener el cuerpo a raya, nada un kilómetro entero tres veces por semana.
- Movilidad constante: se traslada permanentemente en bicicleta de un lado a otro.
- Gimnasia cerebral: consciente del riesgo cognitivo, confesó que se la pasa repasando libretos de obras teatrales que ya ni siquiera tiene en cartelera. El objetivo es ejercitar “el músculo de la memoria” mediante el enorme esfuerzo de la retención de texto.
Con una entereza envidiable y desatando el aplauso cerrado de todos los presentes, Gerardo Romano remató su estremecedor relato dejando en claro que bajar los brazos jamás fue una opción en su vida: “La peleo, bah”.


