En medio del profundo dolor por el último adiós a Luis Brandoni, una presencia silenciosa pero ya histórica volvió a llamar la atención entre la multitud que se acercó hoy al Cementerio de la Chacarita. Se trata de María Eleuteria Quiroz, popularmente conocida como “Mari” o “La señora de los velorios”, una mujer de 74 años que transformó su extraña obsesión en una particular y respetuosa tradición dentro de la farándula nacional.
“A lo mejor nací así… Hay personas a las que les gusta drogarse, a otras emborracharse y no saben por qué. Yo no hago nada de eso. Me gusta ir a los velorios y entierros, despedir a los muertos y acompañar a los familiares. Es simple”, confesó la mujer oriunda de Corrientes, quien vive en un hotel del barrio de Constitución desde 1983 para “no pagar los impuestos”.

María Eleuteria Quiroz la señora de los velorios
De Leonardo Simons a Luis Brandoni: una vida despidiendo famosos
Mari es soltera, trabaja como empleada doméstica y asegura que no tiene a nadie a quien darle explicaciones. Su modus operandi es siempre el mismo: duerme con la radio prendida y, apenas se entera de que alguien murió, averigua dónde es el responso, prepara una foto de la figura o un cartel artesanal y emprende viaje, sin importar si es en Lanús, Tigre o en el centro porteño.
“Soy una gran seguidora de los artistas y sufro mucho cuando se mueren o cuando les toca despedir a algún familiar. Yo quiero estar, pero soy prudente. Mi intención es acompañar y tratar de no molestar a la familia”, relata la mujer que en esta lluviosa mañana logró acercarse al entorno del protagonista de Esperando la carroza para dejar sus condolencias.
A lo largo de sus 35 años en Buenos Aires, su diminuta figura logró tocar el cajón o consolar a las familias de incontables personalidades. Su largo e insólito historial fúnebre incluye figuras de la talla de Jorge Porcel, Sandro, Mercedes Sosa, Carlos Monzón, Alberto Nisman, Raúl Alfonsín y Débora Pérez Volpin. Hoy, la emblemática mujer volvió a decir presente para despedir a un grande, demostrando que su rito sigue más intacto que nunca.


