La cantante Lourdes Fernández rompió el silencio en LAM y compartió uno de los momentos más difíciles de su vida personal, marcado por un episodio de violencia vinculado a su expareja, Leandro García Gómez. A meses de lo ocurrido, la artista explicó cómo fue el proceso interno que atravesó para reconocer que estaba inmersa en una relación dañina y cómo el acompañamiento de su madre, Mabel López Arias, y de su amiga Lissa Vera fue clave para empezar a reconstruirse emocionalmente.
Durante la entrevista con Ángel de Brito, Lourdes fue sincera al explicar que tomar conciencia no fue inmediato. “Te vas dando cuenta con el tiempo. Es un proceso muy complejo”, afirmó, al recordar que en un principio no comprendía del todo las acciones de su entorno cercano. Aunque admitió que no le gustaron ciertas “formas”, con el paso del tiempo logró entenderlas desde otro lugar: “Entendí que lo hicieron por amor”. Sobre la noche que desató la crisis, señaló: “En ese momento yo estaba con fiebre. Me levanté y vi todo el caos. No puedo hablar mucho más, pero fue más que claro”, aclarando que existe una cautelar que le impide profundizar.
Uno de los testimonios más fuertes fue cuando describió cómo se vive una relación violenta desde adentro. “No te das cuenta porque estás enfermo, yo me enfermé”, expresó, remarcando que el enamoramiento muchas veces nubla las señales de alerta. También explicó cómo este tipo de vínculos afectan la autonomía personal: “Todo se empieza a cerrar. Se cierra tu círculo, empezás a dejar tu trabajo y a tener menos independencia económica”. Hoy, con mayor perspectiva, Lourdes aseguró poder identificar el inicio de esa dinámica y destacó la importancia de la terapia, la psiquiatría y prácticas como el yoga en su recuperación.
Finalmente, la artista reflexionó sobre el aprendizaje emocional que le dejó esta experiencia y dejó un mensaje contundente: “Hoy ya no lo amo y esa es la diferencia. Se sale entendiendo que eso no es amor, que el amor es respeto y libertad”. También recordó una frase de su madre que la marcó profundamente, “la prefiero enojada a muerta”, y habló de la culpa que muchas veces acompaña a quienes atraviesan relaciones tóxicas. Con su testimonio, Lourdes Fernández no solo mostró su proceso de sanación, sino que también buscó visibilizar una problemática que afecta a muchas personas y generar conciencia sobre los límites entre el amor y la violencia.





